martes, 29 de enero de 2013

Capitulo 8




Ya no hay vuelta atrás. Todo va a cambiar en escasos minutos, todo en mi vida va a ser diferente, y no voy a poder hacer nada para pararlo, simplemente, porque quiero que todo cambie. La manera de sentir, de escuchar, de tocar, de imaginar. Nada va a ser igual. Aunque cabe una pequeña posibilidad de que todo siga siendo lo mismo, la misma rutina de siempre. En ese caso, mi mundo se derrumbaría, y se me haría muy difícil continuar. He puesto todas las esperanzas que no tenía en esta operación, y si salía mal… No me quiero imaginar lo que pasaría si saliese mal. Simplemente quiero disfrutar del momento, y poner toda mi alegría y mi ilusión en ello. Pensar que voy a poder ver, pensar que es un sueño aunque pequeñas cosas me dijesen que no lo era. Notaba una presión muy fuerte en mi mano, y un señor hablando sin ton ni son.
- Harry, me vas a hacer daño en la mano…- le susurré. A la velocidad de un rayo, Harry quitó su mano de encima de la mía.- ¡Tch!- le llamé.- No he dicho que me sueltes.- sonreí. Volvió a posar su mano en la mía y sentí muchas miradas puestas en mí. Me sentía observada. Alguien que no conocía puso sus dos manos en el comienzo de la venda, y empezó a estirarla. Todo esto tenía que ser un sueño, aunque la constante presión de las manos de Harry contra las mías me decía que no lo era. Nada cubría mi rostro ahora, y mis ojos estaban apretados. No quería saber lo que me esperaba, tenía miedo de lo que pudiese pasar, o lo que no pudiese pasar.
- Va Lucía, no tengas miedo…- me dijo Harry al oído.- estoy aquí, ¿recuerdas?- sonreí y abrí los ojos lentamente. Cuando ya llevaba medio ojo abierto, los volví a cerrar aún más fuerte.
- Harry, ponte delante de mí.
- ¿Qué dices?
- Eso, Harry, que quiero que te pongas delante de mí.- hubo un silencio extraño, y aunque sabía que había muchas miradas puestas encima de mí llenas de impaciencia, seguí.- No lo entiendes, ¿eh?- reí levemente y subí mis manos hasta intentar encontrarme con esos ricitos que tanto esperaba ver, y cuando lo hice, me acerqué a su oreja.- quiero que seas la primera persona a la que veo.- susurré sonriéndole. Me dio un apretón de manos que me hizo sacar un grito ahogado, y sonrió igual que yo. Se colocó donde le dije que lo hiciese y empecé a abrir los ojos segura de que me iba a encontrar a Harry delante, aunque los tuve que cerrar segundos antes por algo que me impedía abrirlos del todo.
- Dios, me duelen los ojos, hay algo que me molesta…
- ¿Habéis oído eso? ¡Ha notado la luz!- murmuró contento uno de los allí presentes. Volví a abrir los ojos y se me fue aclarando la vista, hasta que, supongo que unos rizos, aparecieron delante de mí.
- Dios Lucía, dime que me ves, por favor.- me dijo la voz de Harry delante de mí. Dios, era precioso, y justamente como me lo había imaginado miles de veces en mi cabeza.
- Claro que te veo, Harry.- sonreí a más no poder hasta que a Harry también se le contagio mi enorme sonrisa. Los famosos hoyuelos aparecieron a los lados de su boca. Eso le quedaba genial. Me abrazo mientras soltaba algunas lágrimas.
- Pero Harry, ¿por qué lloras
- ¡Porque me ves!- dijo gritando.- ¡Porque puedes ver Lucía!
- A este paso me voy a quedar sorda con tus gritos.- dije con un poco de humor. Tomárselo con humor era lo que se necesitaba en un hospital. Harry soltó una gran carcajada y me soltó del gran abrazo que me había estado dando durante tantos minutos.
- Dios Lucia, me acabas de hacer el hombre más feliz del planeta entero, te lo juro.- me dijo Harry mientras posaba sus manos en mis dos mejillas. Solté una gran carcajada que no pude evitar. Me despedí de él ya que me tenían que hacer varias preguntas y muchas pruebas, y también debía quedarme en observación toda la noche.
No entendía como podía estarme pasando esto. A mí. A la Lucia que salió de un centro de acogida. A la Lucia a la que su madre le abandono por miedo a su padre. A la Lucia que ni si quiera sabía lo que su madre la quería. Y tampoco sabía lo que su padre podría llegar a hacer. Es que no debe de estar pasando. ¿Pero por qué a mí? Quizás estaba destinada. Estaba escrito. Quizás toda mi vida ha estado escrita des del primer momento en el que nací. Cosas que tienen que suceder, que no encuentras el motivo ni el por qué. Y es ahí cuando te vuelves a plantear el por qué de tu existencia. Y es ahí cuando te das cuenta de que existes por algo, que no solo para ser infeliz. Que ahora hay más que eso. Mucho más. Que ahora puedes decir que eres totalmente feliz. Ahora puedes gritarlo a los cuatro vientos, como se suele decir. Que ya no te sientes sola, que no lo estás. Que tienes a personas, o a una persona, que lo ha cambiado todo. Y que darías lo que fuese por ver su sonrisa, por ver sus hoyuelos. Porque sí, ahora puedes ver su sonrisa. 

lunes, 21 de enero de 2013

Capitulo 7



En la vida siempre hay obstáculos  de esos que te impiden seguir, y de esos que te ayudan a seguir adelante. Cuando superas un obstáculo te haces más fuerte, y nada te impide seguir tu camino. Todo cambia, y nada vuelve a su posición inicial. A veces esos obstáculos se convierten en miedos. Y siempre nos preguntamos lo mismo: "¿Por que existe el miedo?" Y en el preciso instante en el que superamos al miedo, es cuando nos damos cuenta de que es algo que debemos superar, porque si no, no podremos avanzar, y nos quedaremos estancados. A veces, el miedo se convierte en lagrimas, y aunque no nos demos cuenta, esas lagrimas que desechamos, son gritos de socorro en silencio. Y normalmente, nuestro mayor miedo es el de perder a una persona. Y ese miedo tan común en las personas, era lo que yo sentía en ese preciso instante. Era la hora de decir adiós. Hoy me quitaban la venda, y con ello, días después, a mi cuidador, a Harry. No he hablado con él sobre esto, porque cada vez que intentaba sacar el tema, un nudo se formaba en mi garganta y me impedía soltar palabra alguna. Harry se encontraba a mi lado, pocas horas después estaríamos en ese hospital en el que tantas cosas habían sucedido.
- Oye Lucía, ¿qué te pasa?- una de sus manos se posaron encima de las mías, y esa maldita sensación volvió a mí. ¿Cómo puede ser que me este pasando esto? ¿Y cómo puede ser que me pregunte eso? Está claro que en cuanto Harry me enseñe todo lo que tengo que aprender después de que me quiten la venda ya no nos veremos más, y encima, me pregunta eso. Pues mal Harry, mal, porque ya no te sentiré mas conmigo. Porque te vas a ir, y vas a desaparecer de mi vida como tantas otras personas lo han hecho. Pero a millas de decirle lo que me pasaba, disimulé.
- Eh... ¿a mí?- reí.- no me pasa nada, serán imaginaciones tuyas.
- Vamos Lucía, que no me chupo el dedo.- me dijo seriamente mientras su otra mano se paseaba tranquilamente por mi pelo.
- ¿Y qué me va a pasar?- dije quitándole importancia a todo.
- Pues no se Lucía. Des de que pasó…- ya lo ha mencionado- lo que pasó, no eres la misma.
- ¿A qué te refieres?- ya sabía a lo que se refería.
- A cuando…- suspiró.- Lucía, a cuando nos besamos sin querer.- sin querer. Menuda mierda.
- No es verdad. Sigo igual que siempre.- dije secamente.- solo que…
- ¿Que qué?- me dijo impaciente.
- Nada Harry, déjalo.-
- Va Lucía, puedes confiar en mí.
- Que no Harry.
- Vamos…
- ¡Que tengo miedo Harry!- dije gritando.- Joder, tengo miedo de que te vayas y vuelva a estar sola. ¿Lo entiendes? Ya he pasado por esto, y se me hizo muy duro. Y no va a ser fácil, pero ya me acostumbraré- dije en un susurro- no te preocupes por mi.- mi voz se cortaba a cada palabra que escupía. Hubo un rato de silencio, hasta que Harry quitó sus manos de encima de mí y se levantó del sofá.
- ¡Cómo me dices eso! ¡¿Eh?!- me dijo gritando.- ¡Joder Lucía, creía que confiabas en mí!
- ¡Y lo hago!
- ¿Entonces? ¿Por qué crees que me voy a ir? Eso se llama desconfianza.
- Tú no lo entiendes…
- ¡¿Y tú que sabes?!- respiró hondo y volvió a hablar.- no sé lo que se siente, Lucía, al perder a las personas que más has apreciado en toda tu vida, pero me hago una idea. ¿Y sabes por qué?- negué con la cabeza.- Por que ahora mismo estoy sintiendo que te pierdo poco a poco.- sus manos se volvieron a juntar con las mías.- y tu eres una de las pocas personas a las que aprecio de verdad.- y soy tan tonta que no creo en él. En qué momento, Lucía…
- Lo siento… supongo que me he equivocado.
- No pasa nada Lucía. Pero no me vuelvas a decir eso, ¿vale?
- Vale Harry. Prometo que confiaré en ti y no te demostraré lo contrario como lo he hecho esta vez.
- No te preocupes, ¿vale?- me dio un beso en la mejilla. Podía notar su sonrisa pegada a mi cara.
- Vale.- sonreí como una niña a la que le dan una chocolatina a probar.
- Pongámonos en marcha- dijo Harry volviéndose a levantar del sofá. Des de luego, este chaval no para quieto…- Hoy, HOY- dijo remarcándolo.- Te quitan este bicho tan aparatoso al que llaman venda. Y hoy, HOY.- volvió a remarcarlo.- ¡me podrás ver! Sí, ¡me podrás ver! ¡Yuhu!
- Te comportas como un verdadero crio…- dije haciéndome la madura, cosa que no era lo mío.- ¡Pero me gusta!- dije saltando en el sofá. Era un poco inseguro, y el hecho de que no viese donde estaba saltando hizo que un pie sobresaliese del sofá, haciendo que me cayese, pero antes de eso, Harry posó sus manos en mis caderas, y me cogió antes de que mi cuerpo hubiese asimilado el golpe que le venía. 

domingo, 13 de enero de 2013

Capitulo 6



Todo se volvió borroso, hasta que una señora con muchos tatuajes se me apareció. Era la primera persona que veía en toda mi vida, y era un sueño. Un sueño del que despertaría sin volver a ver. Pero solo por la venda que ocuparía durante dos semanas. Después me la retirarían para hacerme unas pruebas, y comprobar si podría ver. Estaba tumbada en la sala del quirófano, donde los cirujanos me hacían pruebas mientras yo estaba dormida completamente. De mientras, en mi sueño, la señora se me acercaba. Parecía todo tan real, que me asustaba. Y la señora se puso a llorar. No entendía nada, ni siquiera mis propios pensamientos, hasta que la señora me habló, pero en español.
- Lo siento, Lucía.- ¿como cojones sabía mi nombre? La cabeza me daba vueltas, y no precisamente por la anestesia que tenia.- ¿sabes porque estoy aquí?- preguntó.
-  ¿Por qué lo tendría que saber?
- No se responde a una pregunta con otra.- me dijo sonriendo tiernamente.- pero ya deduzco que no sabes ni quién soy, ni porque estoy aquí.- hizo una pequeña pausa, estaba nerviosa, y prosiguió.- verás, cuando tenía 18 años, tuve una hija. A tu edad es un poco difícil tener una hija, pero nada me quitaba las ganas de tenerla. La quería mucho, tanto que daría la vida por ella. Y la di. Ahora mismo, mi hija está en un quirófano, intentando que le curen el problema con el que ha tenido que luchar todos estos años sin mí.- no podía ser verdad…- Lucía, te abandoné.  Pero te juro que te quería, que te sigo queriendo como la hija que eres.- las lágrimas salían de mis ojos, como si de dos cascadas se tratasen.
- Tú no eres mi madre.- sollocé.- no tengo madre. Nunca la he tenido.
- Hija…
- ¡No me llames hija! ¡Yo no soy tu hija!- grité.
- ¡Tu padre me mató cuando te abandoné!- gritó, desesperada. Me quedé paralizada.
- ¿Por qué él iba a hacer eso?
- Tu padre y yo, nunca fuimos unos santos. Cuando supe que estaba embarazada, mi instinto maternal se disparó, y lo único que quería era hacerte feliz, pero tu padre seguía drogándose y bebiendo hasta que su cuerpo no podía más. Supe que tenía que alejarte de mí, por mucho que me costase. Te abandoné, sabiendo que ibas a estar bien. Cuando tu padre se enteró, iba muy borracho, como cada noche, y me dio una paliza. Caí al suelo mientras mi cuerpo derramaba sangre por todas partes, hasta que morí desangrada.- dijo mirándome a los ojos, los cuales transmitían seguridad.- ¿Sabes porque te puse ese nombre?
- No- sollocé.
- Lucía significa luz. Cuando viniste al mundo, me dijeron que eras ciega, y aun así, tu iluminaste mi vida. Diste un destello de luz al infierno que me rodeaba. Tú eras la única persona que guiaba mis pasos. Y lo sigues siendo. Siempre serás la luz que ilumina a mis ojos. Y antes de que te vayas, y despiertes, quiero decirte lo que te quiero, y lo que te he echado de menos todos estos años. Y dile a Harry que muchas gracias de mi parte por hacerte sonreír cada día. Todo va a salir bien, confía en mí…- y todo se hizo borroso. Lloré, y dejé escapar cinco palabras, sin saber a dónde irían, y sobre todo, si las escucharía.
- Lo siento Mamá…- noté algo que se presionaba en mi mejilla, y deduje que era un beso de despedida.- hasta siempre.
Y desperté. No veía nada, aunque no me sorprendí, ya estaba acostumbrada. Noté un suave dolor en los ojos, y instintivamente me pasé la mano por encima de ellos, ahora envueltos por una fina venda que ocuparía dos semanas en mis ojos. Todo me daba vueltas, hasta que algo hizo que bajase al mundo real. Sonreí al volver a escuchar su voz.
- Lucía, por fin te despiertas, ¡hoy estas dormilona, eh!- me dijo riendo.
- ¡Harry!- dije mientras me aguantaba la risa.
- Me han dicho que todo ha salido perfectamente bien.- dijo dándome la mano.
- Espero que sea así.- dije sonriéndole. – Oh, se me olvidaba, muchas gracias, Harry.- dije, traduciéndole las palabras que me había dicho mi madre para él.
- ¿Por qué, Lucía?
- Por hacerme sonreír como solo tú lo sabes hacer.- me dio un beso en la mejilla, y se tumbo en mi camilla, rodeándome con los brazos.
- Con mucho gusto.- musitó a escasos centímetros de mi oreja. Sonreí  al mismo tiempo que algo se accionaba en mis entrañas. Era una sensación nueva. Pero era agradable. Era como si en mi estomago algo hubiese tomado vida propia. Como si un bicho se hubiese colado en mi barriga y estuviese volando, sin saber cómo salir. Me giré, quedando cara a cara, aunque no le viese. Me besó la mejilla al mismo tiempo que me volvía a girar. Eso no estaba planeado. Sus labios chocaron con los míos, haciendo una ligera presión. Nos apartamos y dijimos un ''lo siento'' a la vez.  Y la sensación que antes había tenido volvió a mí, justo en el momento en el que nuestros labios, segundos antes, se habían besado. Y descubrí una cosa. Esa sensación que había tenido y experimentado solo con Harry, se llamaba amor.