viernes, 15 de febrero de 2013

Capitulo 9





Las ganas de gritar invadieron mi cuerpo. Por fin. Podía hacer lo que quisiese en el momento que quisiese sin que nadie me dijese que no lo podía hacer. Miré una vez más a la persona que tenía delante y la abracé ya que se marchaba y pocas veces más la volvería a ver. Karen había venido a verme durante estos dos días en los que me han tenido en pruebas. En cuanto la vi no pude evitar sonreír y soltar un fuerte grito, de esos que te rompen hasta el tímpano. Sabía perfectamente que era ella. Esos ojos rasgados y ese pelo que tantas veces había imaginado serian inconfundibles, aunque no los hubiese visto en mi vida.
- Cuídate, te prometo que esta no será la última vez que nos veamos.- me dijo sonriendo e intentando aguantarse las lagrimas.
- Estoy segura de eso.- le sonreí y dejé que se marchase en un taxi para coger su avión. Asomo la cabeza por la ventana y me miro una última vez.- ¿Seguro que no quieres venirte a España? Podrías quedarte en mi casa.- dijo sonriéndome.
- No Karen, aquí he encontrado algo que nunca había tenido.- sonreí pensando en Harry y el taxi arrancó.
- Adiós Lucia, hasta pronto.- sonrió melancólicamente e hizo un gesto con la mano que interpreté como otro adiós.
- ¡Adiós Karen!- dije gritando mientras veía como el taxi se alejaba con una persona que ha vivido conmigo toda mi vida. Desde que mi madre me salvo la vida hasta que Harry reconstruyó esta. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al pensar en él. Pensándolo detenidamente, él ha sido el que ha salvado mi vida. Solté un grito ahogado seguido de una pequeña carcajada al notar a Harry abrazarme por detrás.  Puso su barbilla en mi hombro mientras me apretaba más contra él.
- ¿Por qué te has quedado aquí?- me pregunto sonriente.- ¿Por qué no te has ido con Karen?
- Sabes perfectamente porque me he quedado.- me giré quedando así cara a cara, demasiado cerca.
- No lo sé…- dijo con voz infantil mientras sonreía ampliamente.
- Vamos Harry, no me hagas decirlo.- sonrió y me apartó bruscamente de él.- tampoco cal que me trates así.- me crucé de brazos y volvió a abrazarme.
- No cal que lo digas.- sonrió y me beso la mejilla.- yo ya sé que te quedas por mí.
- Pues si lo sabes no preguntes.- soltó una gran carcajada.- no hace gracia.- le miré desafiante, pero tuve que apartar la mirada.
- ¿Eso es azul?- pregunté volviendo a posar mi mirada sobre sus ojos, tocándolos ligeramente mientras Harry los cerraba.
- En realidad es un color raro. Es como verde pero azul. Azul pero verde.
- Entiendo…- dije intentando parecer interesada.
- Ven, voy a enseñarte mis sitios favoritos.- sonreí y me cogió de la mano. Empezamos a caminar por no sé dónde. Comencé a ver edificios gigantes y me sorprendí. Somos pequeños. Muy pequeños. Me sentía una hormiga rodeada de humanos. Quizás estábamos perdidos, porque me parecía ver a los mismos edificios o por lo menos, muy, muy parecidos. Nos adentramos en una calle que parecía llevar a ninguna parte, pero me equivocaba. Al final de esta, había una gran puerta, que parecía que no se habría de ninguna de las maneras, ya que parecía de un material muy duro, como el hierro o similar. Pero me volví a equivocar. Harry saco una llave de su bolsillo trasero y me lo enseño, haciendo un ruidito un tanto peculiar mientras movía sus muñecas y las llaves se movían con ella. Sonreí al mismo tiempo que él lo hacía, y me volvió a coger de la mano, que mucho antes de haber llegado a esta puerta la había soltado. La abrió poco a poco y fuimos avanzando. Creí que sería un espacio totalmente cerrado, pero me equivocaba, como había hecho antes. No dejaba de sorprenderme. La verdad es que todo ser humano hubiese pensado que dentro de esa puerta había un almacén, o cualquier espacio cerrado. Todo menos eso.  Era un espacio donde se podía estar totalmente libre, sin limitaciones, sin personas a tu alrededor que te miran sin saber el por qué de hacer eso. Una explanada de hierba recién cortada se extendía ante mis ojos, recién estrenados. Como si fuesen un juguete o unos pantalones, pero con mucho mas valor para mí. Y tanto que tenían valor… Todo parecía un paraíso. Como el que sale en el primer pasaje de la biblia. Donde salen Adan y Eva. Y ahora estamos Harry y Lucia.
- ¿Te gusta?- preguntó mirándome tiernamente.
- Me encanta- sonreí y le solté de la mano para ir a explorar lo que mi vista no podía ver. Di varias vueltas sobre mí misma, mirando lentamente todo lo que había a mi alrededor.
- Es mi lugar favorito. Solo yo tengo la llave. Y nadie sabe que aquí esta esto.- dijo señalando a toda la explanada que se encontraba a nuestro alrededor.- Solo lo sabemos tu y yo.- y volvió a entrelazar nuestras manos.