jueves, 14 de marzo de 2013

Capitulo 15




- ¡Dios hijo mío! Te he echado tanto de menos… Tenía tantas ganas de verte.- sonrió y yo con ella. Primer sábado que está aquí. Sábado impar.
- Y yo mamá. ¿Has traído lo que te pedí?- pregunté esperanzado.
- Claro hijo mío, pero, ¿para qué quieres 1000 libras y tu cajita que no le dejas a nadie?- preguntó pegándose el teléfono más a la oreja.
- Voy a poner a salvo a alguien muy preciada para mí. Necesito ese dinero.- sonreí.- Gracias mamá.- vi como mi madre le daba a uno de los guardias la caja donde dentro se encontraba el dinero y mis dos collares con un avioncito de papel colgando de cada uno. El guardia abrió la puerta y me lo dio. Sonreí.
- Creo que es hora de marcharme. Te echaré de menos.- se levantó.- ¡hasta la semana que viene!- se le asomo una sonrisa bañada en lágrimas.
- Mamá, espera. ¿El próximo sábado que día es?- dije llamándole la atención.
- 20, ¿por qué?- preguntó extrañada.
- No puedes venir, es par. Tu solo ven los impares, ¿vale?- asintió no muy segura.- Dile a Gemma que no se torture, que no es su culpa. Sé que está mal, la conozco, y sé que se estará sintiendo muy culpable. Dile que la quiero, y que el próximo sábado que sea impar venga, que no le de miedo. No estoy enfadado con ella.- sonrió mientras se limpiaba las lagrimas que amenazaban con volver a salir de sus ojos.
- Se lo diré. Y que sepas que aunque estés aquí, y te hayas hecho tan mayor, tu siempre serás mi bebé…- sonreí mientras me aguantaba las lágrimas, y mientras ella se echaba a llorar aun más.
- ¡Que cursi mamá!- reí levemente mientras ella sonreía.
- Estoy tan orgulloso de vosotros dos… - habló mientras lloraba a gota gorda- ¡me voy ya bebé!- dijo gritando. Solté una carcajada cuando todos los presos que tenían visita se giraron, viendo a mi madre llorar como una madalena mientras se sonaba los mocos.
- Adiós mamá.- dije mientras reía.- ¡te quiero!
- Y yo hijito mío, y yo…- se fue alejando de la mesa que nos separaba por un cristal hasta que desapareció de mi vista. Esta visita me había alegrado para toda la semana, hasta que viese a Lucia, que me mantendría depresivo durante otra semana más. Creo que ver a Lucia solo me iba a traer problemas. Pero ella quería venir a verme, ella me rogó que si podía venir a verme. Y no puedes decir que no a la única persona que da un rayo de luz a tu vida. El guardia al cual iba a sobornar poco después me acompaño a la celda. En cuanto la cerró cogí mi caja, quité los dos avioncitos de papel colgando de una cadena, me puse uno, y en la caja guardé la única carta que había recibido de Lucia. Encima de la carta puse el otro colgante, y cerré la caja muy lentamente, respirando el olor de mi casa mezclado con el olor de Lucia. Olía verdaderamente bien.

Narra Lucia

Llamaron al timbre. Ya sabía quién era. La única persona que se presentaba aquí a las 12 de la madrugada, cuando acababa su turno.
- ¡Hola!- dije sonriente.
- Hola, Lucia, ¿verdad?- dijo aquel hombre que daba esperanza a mi vida. Asentí levemente.- Lo siento, es que soy muy malo para los nombres.- sonrió y yo con él.
- ¿Quiere pasar? Le puedo hacer otro té, o una tila, o un café, o lo que quiera. De verdad.
- Oh, no se preocupe, solo vengo de pasada. Su novio le quiere mucho. Me ha dado 1000 libras para vigilar que nadie le haga daño.
- Dile de mi parte qué pensaba que confiaba más en mí.- dije molesta.- ¿1000 libras?- susurré.- ¿qué clase de persona hace eso?
- Su novio, Lucia. Le quiere mucho.- sonrió.- ¿Sabe? He trabajado toda mi vida en esto, y le digo que he visto tanto como inocentes como culpables. Y nunca he juzgado sin estar totalmente seguro. Su novio es totalmente inocente. Se le ve en la mirada.
- Gracias, de verdad. Ha dado un rayo de esperanza a mi vida.
- La esperanza es lo único más fuerte que el miedo. Recuérdelo.- sonreí mientras acercaba a mis manos un sobre.
- Eh, señor, quédese esta llave, cuando no le abra entre.- abrió la palma de su mano y le entregué las llaves que colgaban de detrás de la puerta.
 - Jake, me llamo Jake.- sonrió fraternalmente.-
- Oh, se me olvidaba Jake, Harry no es mi novio.- sonreí mientras el soltaba una pequeña carcajada.
- Adiós Lucia.- hizo un gesto con la mano y desapareció por donde había venido. 
***************
Holaaaa!
Creo, o mas bien sé, que he cambiado totalmente el rumbo de la novela, esta muy rara, ¿no? jajajaja Harry en la cárcel, personajes nuevos... ains nosee! jajaja
bueno, yo comentaba para pedir opinion. Tengo un one shot hecho, y no se si colgarlo aqui o hacer otro blog o que jajajja
¿que pensaaaaais? hacedme saber vuestra fantaaaaastica opinion porfaplis! 
se os quiere:)


domingo, 10 de marzo de 2013

Capitulo 14




- Perdona, siento volverle a molestar, pero ¿me podría dar un poco de celo?- dije llevando mi mirada hacia el guardia.
- No le permitiré que me vuelva a molestar, ¿eh?- se alejó durante unos segundos y cuando volvió me dio el rollo de celo.
- Gracias señor, es usted muy amable, de verdad.-
- Que cruz de niño…- dijo el guardia. Me reí levemente y me giré, tumbándome en el suelo con el bolígrafo, el celo, y el papel. Empecé a escribir. Lo necesitaba. Escribiendo me sentía más cerca de Lucía.



Lucía:


No estoy molesto contigo. Es imposible estarlo. Solo quería ponerte a salvo, pero creo que lo estarás. Confío en ti, y lo sabes, pero necesito asegurarme de que de verdad estás bien. Mañana viene mi madre a verme, y me trae 1000 libras. ¿Para qué? Quiero saber que ellos no te van a encontrar. He cogido alguna confianza con el guardia, aunque no se le esté permitido. Él dice que eres muy guapa, y que preparas un té muy rico, pero dice que somos novios. Ya le  he dicho que no lo somos, pero nadie me cree, ni mi compañero ni nadie. Ni si quiera yo me lo quiero creer.


¿Sabes una cosa? Hoy he soñado contigo. Pero no era uno de estos sueños donde todo es perfecto, no lo era. Todo pasaba tan rápido… Te lo explicaré:

Era como un mundo al revés. Y todo era muy raro. Tú y yo, solos, perdidos. Ellos, juntos, unidos. Nosotros estábamos mirando el suelo des de las estrellas, ellos miraban las estrellas des del suelo. Cuando nosotros nos caíamos, ellos se levantaban. Cuando ellos se caían, nosotros nos levantábamos. Y te prometí que no te dejaría caer, que ellos no se levantarían, que no nos destruirían. Pero te dejé caer. Y ellos se levantaron, ellos nos destruyeron.

Raro, ¿verdad?


Puedes venir a verme Lucía, pero con una condición. Nada de llorar, ¿vale? Te daré una cosa muy importante para mí. Si lloras, yo lloro contigo, y no puedo permitirme eso, y si no, ya no hay Harry para Lucía.

Ven los Sábados pares, los impares vendrá o mi madre o mi hermana Gemma. Creo que ella está muy dolida, y sé perfectamente que se siente culpable de lo que me está pasando. Te lo explicaré cuando vengas, te explicaré porque estoy aquí, en esta mierda de cárcel.


¿Querías saberlo, no? Querías saber que estaba haciendo cuando leía tu carta. Al principio, me mordía el labio nerviosamente, cuando me dijiste que no volvías a España. Unos hoyuelos se asomaron alrededor de mi sonrisa cuando me dijiste que me necesitabas (yo también te necesito a ti). Una sonrisa aún más grande cuando me dijiste que me creías. Es muy importante para mí. Eso me da más fuerzas para luchar día a día aquí. Y temblar, temblé cuando olí tu carta. Olía a ti… Todas las demás cosas que me decías, me aguantaba las lágrimas. Sí Lucía, me las aguantaba. Pero mi compañero –apodado “compi” por mi- me dijo que llorase. Y vaya si lloré…


Esto se me está haciendo muy duro, pero dentro de poco voy a estar contigo, fuera de aquí, y seremos libres, seré libre.


Te estarás preguntando que ese pegote de celo, a que viene. Dentro de ese montón de celo hay una llave. Es la llave de nuestro lugar. Nuestro, y solo nuestro. Ves cuando lo necesites, cuando necesites estar sola.


Recuerda, los sábados pares, Lucía. Solo los pares, o si no, nos descubrirán. Te daré explicaciones, te las daré, pero no vengas los sábados nones, por favor.


Que sepas que soy tuyo. Solo tuyo. Esa canción que pusieron en el taxi, ¿la recuerdas?

“You belong to me, I belong to you”

Te pertenezco, me perteneces. Recuérdalo, ¿vale?


Sabes que no me gustan las ñoñerías, nunca me han gustado.


Te quiero.

De: Tu Harry.


Mierda, se me ha escapado una. 

Capitulo 13


Guardé la preciada carta debajo de la litera. La única llamada que me concedían cada día me la iban a dar justo ahora. No podía llamar a Lucía. Con Lucía solo cartas. Solo cartas o ellos se darían cuenta de la existencia de Lucia en mi vida. Llamé a mi madre, ella está muy preocupada por mí, aunque ya sabe que me encuentro aquí.

- ¡Hola mamá!- dije sonriente, sin saber la razón, mientras esperaba a que contestase.
- Dios, hijo mío, ¿como estas? ¿Te han hecho algo? ¿Estás bien? ¿Quieres algo? ¿Puedo ir a visitarte? Por dios, ¡Contesta!
- ¡Pero si no me das tiempo!- reí levemente.- estoy perfectamente, nadie me ha hecho nada, puedes venir a visitarme los sábados, solo los sábados, pero habrá algunos que vendrá otra persona… y si, por favor, mañana, sábado, tráeme la caja que tengo de cuando era pequeño, donde dentro se encuentra mis dos collares del avioncito de papel. ¿Recuerdas? Pero toda la caja, por favor.
- Dicho y hecho, hijito mío. Espera que me lo apunto…- el guardia me miro diciéndome que cortase ya la llamada.
- Mamá, tengo que colgar ya…- dije tristemente.- Oh, también necesito 1000 libras, por favor. Te quiero. ¡Hasta mañana!- sonreí mientras me quitaba el teléfono del oído.
- ¡¿1000 libras para qué?! ¡Burro! ¡No me cuelgues eh!- escuché antes de cortar la llamada.
Volví a sonreír mientras me dirigía a mi celda. Me giré recordando que aún no había respondido a Lucía a la carta.
- Perdona, ¿podría darme unas cuantas hojas más y un bolígrafo, y me los quedo para no molestarle más?- dije mirándole fijamente.
- Claro, aunque me molestas igualmente. Voy a tenerle que dar a su novia todas estas cartas…
- Es usted una muy buena persona, de verdad.- le dije sonriente.- Oh, y no es mi novia…- sonreí mientras me ruboricé imaginándonos a los dos de novios. Haríamos muy buena pareja. El guardia sonrió, dando por mentira mis anteriores palabras, viendo mis mejillas ligeramente rojas.
- Claro, claro…- dijo sarcásticamente.- Es muy guapa su novia, de verdad.
- ¡Gracias!- dije sonriente- ¡Espera, pero si no es mi novia!- soltó una carcajada y me dio unas cuantas hojas de papel junto con un bolígrafo de tinta negra.
- No se me está permitido proteger a los presos.- dijo mirándome.- pero tú me caes bien. Y tu novia también. ¡Me invitó a un té cuando le fui a dar la carta! Me fije en la dirección y vi que caía justamente al lado de mi casa.- sonreí y cerro la celda detrás de mí.- es muy maja, tu novia.- y se giró dándome la espalda, controlando a todo el que entraba o salía de aquella habitación llena de testosterona revolucionada.
- Así que tu novia…- me dijo mi compañero.
- No es mi novia.- dije ya irritado. Irritado porque quería que lo fuese pero me había dado cuenta muy tarde.
- Vale, vale, ricitos.- sonreí.
- Todavía no sé tu nombre.- dije mirándole.
- No me gusta mi nombre. Para ti soy compi.
- ¿Compi? Que cursi y ñoño.
- Como tú con tu supuesta novia. Por eso para ti soy compi.
- Vale, compi.- soltó una carcajada y yo me reí levemente.
- Harry, ¿verdad?
- Aja…- dije volviéndome a leer la carta.
- Escribe Harry, tu novia te necesita.
- A ello voy.- sonreí y cogí una hoja del montón de papel que me había dado el guardia.
Quizás nuestra historia no fuese la mejor de todas. Quizás no hemos estado predestinados para estar juntos. Quizás nosotros estábamos destinados a estar separados, de la manera que fuese. Pero Lucia y yo sabíamos que nos queríamos. ¿Qué más necesitamos? Nos tenemos el uno al otro, en la distancia. ¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo es posible sentir a alguien que esta tan lejos de ti, tan cerca? Con Lucia todo es diferente. Todo parece más fácil, incluso lo difícil. Quizás hemos sido unos ilusos, unos inocentes e ignorantes que pensábamos que siempre iba a ser toda la vida de color, toda la vida juntos. Quizás en cuanto recibí ese mensaje solo pensé en Lucia. Yo solo quería protegerla. Cuando ella se quedo dormida mientras jugaba tiernamente con su cabello, perfectamente perfecto, como ella, recibí un mensaje. Era mi madre.

“Ven YA para casa. Te han encontrado, han dado contigo. Están esperándote, y no te dejaran en paz si no vienes. Te quiero mucho, mamá”

Después de leerlo, di un beso en la mejilla a Lucia y me tumbé junto a ella, a su lado, abrazándola suavemente mientras me dormía. Yo sabía que era la última vez que iba a estar con ella así, y lo intenté aprovechar hasta que todo se jodió, hasta que le di un último adiós. Hasta que le di ese beso de despedida.



Capitulo 12




Las cosas me iban bastante bien, de momento. Ya me habían dado la razón de por qué estaba aquí, y era precisamente lo que suponía. Esos cabrones…
Habían pasado unos cuantos días des de que le mandé la carta a Lucía, y todavía esperaba su respuesta. Esperaba que esos cabrones no la hubiesen interceptado a tiempo, esperaba que Lucía estuviese ya en España, esperaba que Lucía estuviese a salvo. No quiero ponerla en peligro, y si ellos se enteraban de que ella era tan importante para mí, si ellos supiesen lo que la quería, ella estaría en peligro. Demasiado. Por mi culpa. Todo por mi puta culpa. Me odio. Ahora mismo, me odio por hacerle esto a Lucia. Ella no tiene la culpa de lo que ellos hicieron, de lo que yo hice por poner a salvo a Gemma, mi hermana. Todo fue un error. Ellos no le iban a hacer nada a Gemma, lo sabía, pero necesitaba verlo con mis propios ojos. Necesitaba estar seguro, lo necesitaba…
- Tú, el de los rizos despeinados, acércate.- el guardia me habló con seguridad transmitiéndome miedo. – me han dado esto para ti. De nada.
- Dios, muchísimas gracias, enserio, de verdad, muchísimas gracias.- sonreí ampliamente y cogí el sobrecito que tenia entre las manos. Cuando lo tuve entre las mías, me giré, y lo abracé, sintiendo el olor de Lucia, ese olor que me hacia enloquecer. Me lo acerqué a la nariz y esnife su olor más de cerca. Como la echaba de menos…
- Va, ábrela, ñoñas.- me dijo mi compañero, aun sin saber su verdadero nombre, riendo levemente. La abrí poco a poco y empecé a leerla.

Sabes que siempre he ido a lo tradicional, así que,
“Querido Harry”

Ahora mismo, en el hipotético caso de que hubiese aceptado tu petición o, obligación, de irme a España, estaría montada en un avión, observando todo lo que se queda atrás. Y ya sabrás lo que eso significa, ¿no? Me quedo aquí. En Londres. En el único lugar donde he encontrado mi razón de seguir viviendo, y donde la he perdido también.

Quiero decirte que se cuidarme sola, aunque no te lo creas. Quiero decirte que no necesito a nadie, aunque te necesite a ti. Quiero decirte que estaré bien, aunque “ellos” no me lo permitan. No te preocupes por mí. Sé egoísta y preocúpate por ti, que creo que en estos momentos lo necesitas más que yo.

Ya sé dónde estás. No, ellos no han venido a decírmelo. Un señor extraño y corpulento me lo ha dicho. Me ha dicho que estas en la cárcel. Que él es tu guardia. Me ha dicho que, ya que él vive al lado de mi casa, me dará todas tus cartas, y te dará todas las mías. Saldrás de ahí, te lo prometo. Te haré salir de ahí. No sé lo que has hecho, no quiero saberlo, quiero que me lo digas, quiero que me mires a los ojos y me digas que has hecho, o que no has hecho. Porque te creo Harry. Sé que no eres capaz de matar a nadie. Sé que darías la vida por las personas a las que más quieres. Lo sé. Y algo tuvo que pasar para  que te este ocurriendo esto. Esta pesadilla para los dos. Porque para mí también es una pesadilla.

Y no, no te conozco. Quizás estuviese equivocada pensando en cuales eran tus debilidades y en tus miedos. Yo no sabía nada Harry. No sabía que era yo. Ni si quiera sabia que me querías. He sido una ilusa, ¿verdad? Y por esa razón hemos dejado pasar una oportunidad que quizás nunca vuelva a llegar. Me has demostrado que me conoces, porque si, me estaba mordiendo las uñas. Y sí, te estaba maldiciendo por no haberme dado más clases de lectura (y de escribir, ya que lo estoy haciendo muy lentamente). Oh, y también estaba llorando mientras sonreía -igual que cuando te vi por primera vez- mientras leía un “Te quiero” tuyo. Y yo ahora no sé lo que estarás haciendo. No sé si estarás sonriendo mientras tus hoyuelos se marcan a los dos lados de tu boca. No sé si te estarás mordiendo el labio de nerviosismo o si estarás temblando como yo lo hice cuando leía tu carta. No lo sé Harry. Pero quiero saberlo.

Por dios Harry, necesito saber que estas bien. Necesito verte. Déjame ir a verte por favor.  Necesito ver esos ojos color verde más que azul. Porque sé lo que es verde (he mirado en internet, no creas que soy un genio).

 Por cierto, espero que no te enfades conmigo por no irme a España. Confía en mí. Te prometí que estaría bien. Créeme que lo estaré.

Yo sí que voy a acabar la carta con un “Te quiere, tu Lucia” Porque siempre seré tuya Harry, aunque tú nunca vayas a ser mío.


Me volví a aguantar las lágrimas. Estaba seguro de que se había tirado horas para escribir eso. Sonreí, mirando su caligrafía y su gigante letra.
- Eh tu, ricitos.- me llamó mi compañero.- llora todo lo que quieras, nadie te hará nada. Sé que necesitas llorar. Todos lo hemos hecho alguna vez aquí.- sonreí mientras dejaba caer la carta de mis manos, llevándomelas ahora a mis ojos, sollozando silenciosamente. Esto sería muy, muy duro.

Capitulo 11




Narra Harry

Miré al único guardia que había fuera de mi celda. Yo sabía perfectamente porque estaba aquí, aunque aun no me lo hubiese dicho nadie. Y sabía que todo esto era un error, que no tendría que estar yo, precisamente yo, aquí. Solo fue un pasado oscuro. Un pasado oscuro del que pretendía escapar con Lucía. Me acerqué lentamente al guardia, y le rogué si me podía dar un lápiz y un papel, le dije que necesitaba escribir a alguien, a alguien muy importante. En cuanto tuve el papel y el lápiz entre mis manos, empecé a escribir ansiosamente.


No suelo empezar las cartas con un “Querida Lucia”,


Solo hace unos días que me he ido y te echo de menos. Necesito escribirte, saber que cumples mi promesa, saber que estas bien. Porque yo no lo estoy. Sinceramente, no creo que esta carta llegue nunca a tus manos, los hijos de puta estos no lo van a permitir.


No sabes ni donde estoy, ni que estoy haciendo. Lo descubrirás más adelante. Ellos se ocuparan de decírtelo. Sé que te asustarás, pero te juro que yo no he hecho nada. Ellos me han inculpado. Aunque espero que nunca te lo lleguen a decir, porque si no, estarías en peligro. Yo me ocuparía de decírtelo.


Ahora estoy sentado en el suelo, escribiéndote, con la mirada de mi compañero puesta en mí y mi carta. ¿Qué compañero? No creo que sepas quien es. Él ha sido el que me ha dicho que no se permiten enamorados aquí, y es que ¿a caso yo estoy enamorado de ti? Quizás este señor musculoso que transmite miedo tenga razón. Quizás lo esté. Quizás he estado esquivando esta verdad durante mucho tiempo. Sé que lo has pasado mal. Sé que lo estas pasando mal. Piensas que no me conoces, yo mismo te lo dije. No conoces mi pasado, nunca se lo he explicado a nadie. Te prometo que te lo explicaré, te lo prometo. Pero quiero que sepas que yo sí que te conozco a ti. Sé que ahora mismo, en el caso de que lo estés leyendo, te estarás mordiendo las uñas y los trocitos de piel alrededor de ellas. Sé que estarás pensando que por qué no te habré enseñado a leer más rápido. Sé que estarás temblando levemente, y que una sonrisa bañada en lágrimas te estará saliendo cuando te diga que te quiero. Te quiero. Ya estas sonriendo. Lo sé.


Con esta carta quiero pedirte, rogarte, y hacerte prometer que volverás a España, el único lugar donde estarás a salvo… Por favor, júramelo por lo que más quieras.


No voy a acabar la carta con un “Te quiere, tu Harry” Porque no soy tuyo. Ya no… Así que vuelve a España, ¿vale? Ya no tienes a nadie aquí. Escríbeme de vuelta diciéndome tu dirección de España. Porque las próximas cartas te las enviare ahí. Porque es ahí donde estarás. Es ahí donde te encontraras a salvo… Ellos saben que tú eres mi debilidad, ellos saben que tú eres mi miedo, ellos saben que tú eres mi vida. Ellos irán a por ti.


Doblé la carta y puse la dirección del apartamento de Lucía. Quizás haya sido muy directo, pero Lucía necesita una explicación, aunque no le haya dado muchas en esta carta. Más adelante se las daré. Cuando Lucía se encuentre a salvo. Me senté aguantándome las lágrimas. Aquí no está permitido ser un llorón. Y si lo eres, te tachan de gay, de maricón, y te hacen la vida imposible. Y si me voy a tirar aquí un tiempo, no me voy a permitir fallos. No más fallos. Prohibido fallar o te follarán. Literalmente. Así que parpadeé levemente mirando hacia arriba y las lágrimas que pretendían salir quedaron dentro. Le di al guardia la carta, y le rogué con la mirada que por favor, como un favor personal, la hiciese entregar. Que era muy importante para mí. Que había una persona esperándola. Después de mucho insistir, le soborné. Le di el único dinero que llevaba en la cartera. En realidad, llevaba bastante, llevaba 200 libras. Y con eso él se conformó. Le dije que por favor, que no tenía más dinero, pero que de aquí en adelante, necesitaba que enviase mis cartas. El asintió. Al fin y al cabo, todos tenemos un poco de corazón, por muy escondido que esté. Me giré y vi a mi compañero mirándome fijamente.
- Te ayudaré a sobrevivir aquí. No necesito nada a cambio. Yo no quiero tu sucio dinero, como le has dado al guardia. Yo solo quiero que me expliques lo que has hecho para estar aquí.- abrió sus palmas y levanto sus brazos musculados, señalando a la celda en la que nos encontrábamos.
En ese preciso instante, el guardia nos avisó de que debíamos ir a cenar. Cada vez que iba a cenar se metían conmigo, y me sentaba en una mesa apartada de todos.
- Trato hecho.- estreche su mano y él la apretó haciendo crujir mis dedos.
- Siéntate en mi mesa para comer. Serás mi protegido.-

Capitulo 10




- Eh, Harry, despierta, que nos hemos dormido- dije mientras sacudía ligeramente su cabeza en un intento de despertarle. Harry y yo nos habíamos tumbado horas antes, habíamos observado durante minutos el cielo azul y las nubes que pasaban, intentando ponerle formas de animales, objetos, comida..., y poco después caímos los dos en un profundo sueño. No sé cuál de los dos se durmió antes, pero presiento que fui yo, ya que recuerdo su mano paseándose libremente por mi cabello suelto. Harry no se despertaba, así que me senté encima de él y empecé a moverle la cara. Gruño suavemente y abrió los ojos, notando que me tenía justo encima.
- ¿Pero que se supone que haces?- dijo sentándose mientras yo me enredaba sobre sus caderas.
- Pues intentar despertarte.- sonreí y me levanté.- y veo que lo he conseguido.- me giré dispuesta a recoger mis cosas, pero Harry me cogió de la mano, estirándome para que volviésemos a quedarnos como antes habíamos estado.
- Eh, ¿por qué has hecho eso?- dije llevando mi mirada hacia sus ojos, la cual aparté segundos después, al ver que no podía con su mirada. Me dio un beso en la mejilla mientras me apretaba más a él.
- Te dejo marchar si me prometes una cosa.- sonrió y yo con él.
- Sorpréndeme.- Sonreí y deje que hablase.
- Prométeme que si algún día yo no estoy contigo, te cuidarás por mí.- dijo mirándome a los ojos, que ahora lo único que transmitían era un sentimiento neutral.
- Pues claro, ¿a qué viene esto Harry?- dije mirándole fijamente.
- Oh, por nada. ¡Tonterías mías Lucia! Ya sabes, esta cabeza no descansa ni un minuto- Sonreí mientras me levantaba, sin que Harry se opusiese. No sé cómo se lo hacía, pero siempre acababa sonriendo. Cogí los pocos objetos que llevaba y Harry hizo lo mismo. Para volver a casa cogimos un taxi, ya que ni a Harry ni a mí nos apetecía caminar, y había empezado a llover. En el taxi, sonó una canción en la cual Harry y yo nos miramos, avergonzados… Quizás el había pensado lo mismo que yo. Después de esta conexión Harry estuvo muy distante a mí, no sabía que lo podría estar pasando ahora mismo por la cabeza. Algunas veces era muy predecible, pero otras tantas ni te podías ni imaginar lo que podría estar pensando. Y ahora era una de esas veces. Estaba concentrado en un punto exacto de la ventana, donde se juntaban todas las gotas haciendo un cumulo de ellas. Estiré mi mano para intentar cogerle la suya, y cuando la encontré, las entrelazamos haciendo una única mano. Me la apretó levemente, y en ese momento comprendí que algo iba mal. ¿Por qué? Si tan solo me había dado un apretón de manos… Pero esa leve presión me hizo sentir que no quería dejarme marchar. Que quería protegerme. Además de la promesa… Y me dio miedo. Miedo de no saber lo que pasaba. Miedo de que Harry me dejase sola. Y le prometí que confiaría en el, pero el miedo me lo impedía. Poco a poco fui separando nuestras manos hasta que la entrelacé con mi otra mano, jugando nerviosamente con ellas. Arrancándome los trocitos de piel que se encontraban al lado de las uñas con estas mismas. Haciendo petar mis dedos, o intentándolo. Porque estaba muy nerviosa. Notaba que a Harry le pasaba algo, y no sabía el que. No sabía si era bueno o malo, aunque por la cara que tenia suponía que era malo. Algo malo. Otra decepción más para Lucia. Para mi historia interminable. Mi gigante lista de decepciones.
<< Va Lucía, por una decepción mas no pasa nada, ¿verdad? >> Pensé. Pero era mentira. Harry es Harry, y lo que había desarrollado con él en tan pocos meses era muy fuerte. Tanto que empecé a llorar sigilosamente, para que nadie me escuchase. Para que él no me escuchase. En realidad, no tenía nada en claro, solo se me había metido entre ceja y ceja que algo había pasado, que algo malo carcomía a Harry por dentro, y que me iba a afectar fuese como fuese. En cuanto llegásemos tendría una charla con él… y así lo hice. Llegamos a la puerta del apartamento, pagamos al taxista y entramos al portal, subiendo poco a poco las escaleras. Entré y me giré quedando cara a cara con Harry.
- ¿Se puede saber por qué estas tan esquivo conmigo?- pregunté mirándolo fijamente, intentando deducir que era lo que le pasaba.
- No digas tonterías, Lucía.- me apartó la mirada y pasó por mi lado, yendo a recoger sus llaves y demás.
- ¿Te vas a ir? ¿No te vas a quedar a decirme lo que te pasa?- le dije irritada. Se giró, me miró, y volvió a girarse.
- ¿Por qué piensas que me pasa algo?- me dijo irritado también.
- ¡Porque no eres el Harry de siempre!- dije medio gritando. Se giró y me miró fijamente.
- ¡Tú no sabes nada de mí! ¡No sabes nada de mi vida! ¡No me conoces joder!- me miró con los ojos dolidos, gritándome. Solté una pequeña lágrima. Tenía razón. Yo no conocía a Harry. No conocía su pasado. Creía que le conocía. Que sabía sus debilidades. Que sabía sus miedos. Y he sido una ilusa. Me giré y abrí la puerta, obligándole más que invitándole a irse. Sollocé silenciosamente mientras bajaba la mirada, viendo des de mis ojos nublados como caían las lágrimas a mis zapatos.
- Perdón Lucia.- cogió mi barbilla entre sus dedos, haciendo que le mirase.- Dentro de poco lo comprenderás todo. Cumple la promesa, ¿vale?- sonrió melancólicamente.- Hasta siempre.- una gota cayó de sus ojos, y me beso, mientras sus lágrimas y las mías se juntaban en nuestros labios, ahora convertidos en uno. Se separó de mí y cerró la puerta, dándome a entender que no lo volvería a ver, y no sabía el por qué. No sabía nada de él, ¿no?