miércoles, 26 de junio de 2013

IMAGINAS

Hola chicas. Hoy no traigo capitulo... lo siento. No tengo demasiado tiempo y la imaginación para esta novela esta un poco acabada. Solo venia a decir que he empezado un nuevo blog con imaginas o one shots, como querais decirles, y creo que bueno, estará bien. Sé que dije que la acabaria pronto y empezaria una de Zayn, pero aún tengo que perfeccionar algunas cosas. Bueno, lo dicho, aqui os dejo el link de la pagina de imaginas, un beso amores <3
IMAGINAS

sábado, 4 de mayo de 2013

Capitulo 19


Alguien entró inesperadamente en el juzgado, abriendo las puertas y cerrándolas de un fuerte portazo, lo que hizo que todos nos volteásemos. Me fijé en quien había allí… ¿Lucia?
- ¡Lucia! Lucia, ¿qué haces aquí?- grité, eufórico.
- ¡Sht! Silencio en la sala.- dictamino el juez. Lucia se fue acercando a la mesa en la que la habían llamado. ¡Iba a declarar! Un rallo de ilusión pasó por mi mente. Lucia iba a declarar y a afirmar mi inocencia. Gracias a dios.
- Bien, Lucia, usted ha querido venir aquí a decirnos que es lo que ha visto en Harry últimamente.
- Bueno… yo…- Lucia estaba muy nerviosa. Se le veía en la mirada, en la de numerosas veces que se llevaba los dedos a la boca para morderse las uñas y en los diferentes tics que atravesaban o su cuerpo o su cara. Se veía bien. A pesar de lo pálida y lo flaca que estaba. No había comido lo suficiente. Tenía los pelos revueltos, pero sin embargo estaba igual de guapa que siempre. Me fije en sus ojos. Tenían su particular color carmín, pero su blanco de los ojos ahora estaba rojo. Había estado llorando. Debajo de sus preciosos ojos había unas ojeras que remarcaban la falta de sueño. Estaba preciosa, como siempre. 
Ella siempre estaría guapa.
- Bien, Lucia, ¿quiere un vaso de agua? Le noto nerviosa.- dijo el juez. Claro que estaba nerviosa, y claro que necesitaba un vaso de agua.
A ella no le gustan otras bebidas.
- Si, gracias.- Un señor, que no se dé donde había salido, le trajo un vaso a rebosar de agua. A Lucia le encanta que le lleven el agua así. Solía acercarse al vaso, poner los labios en el borde a punto de desbordarse, y absorber el agua.
Y eso es justamente lo que hizo. Sonreí. Todo el juzgado esperando a que ella acabase de beber –de una forma muy extraña- para poder declarar. Lucia se tomaba su tiempo.
Ella era diferente.
- Bueno yo… No tengo mucho que contar…- se aclaró la garganta y el abogado que iba en contra mío le pregunto algunas cosas a Lucia.
Seguramente aquel abogado estaba comprado.
Pero no me imaginé que Lucia también lo estaba.
- Señorita Lucia, ¿notó un comportamiento extraño en Harry durante estos últimos días?
- Si…- me miro, y yo le mire a ella, buscando algo en su mirada que ya se había perdido.- siempre salía a altas horas de la noche y llegaba a la madrugada. Prácticamente no dormía. Yo le decía que donde se metía, pero no me lo quería contar. Supe que algo iba mal cuando encontré unos planos en su mesita de noche. Bueno, no sé si eran planos, era como un plan, como si estuviese planeando algo siniestro.- Lucia, ¿eres tú? Tú me quieres, tú me quieres Lucia. Las personas que se quieren no se hacen esto, ¿verdad?
- Señorita Lucia, ¿tiene usted aquí los planos, o los papeles? Lo que sea que encontró.- sonrió el abogado, claramente satisfecho.
- Si… eh, un momento por favor.- sacó su bolso, y mientras rebuscaba dentro, me miro otra vez. Una lagrima cayo por sus mejillas y se la limpio rápidamente, de manera que solo la vi yo. Algo raro en su muñeca hizo que me parase a observar. Eran cardenales. Alguien la había estado cogiendo fuerte por las muñecas.
Cuando sacó los papeles, los cuales no tenía ni idea de que podían ser, se los dio al abogado, el cual se los dio al juez.
- Bien… veo que usted, señorita Lucia, tenía razón. Estos papeles son muy importantes. Aquí dicen los planes de cómo el señor Styles mataría a su padre.- el juez me miro en un rápido movimiento. Yo aún no podía creer nada de lo que me estaba pasando.
Paso una hora, el juzgado popular tenía que decidir cuanto tiempo pasaria en la cárcel, y yo no podía dejar de mirar a Lucia, reprochándole con la mirada que por qué me había hecho esto. Ella me evitaba la mirada.
Justo en ese momento, me miro, y sonrió al borde de las lágrimas..
- ¡Lucia!- se hizo silencio en aquella sala.- que sepas que, aunque hayas declarado en contra de mi, siempre te voy a querer. Siempre. Aunque me pudra en esta cárcel, moriré queriéndote.- sonreí y miré como sus ojos se cristalizaban.- Recuérdalo.- sonrió apenada, y dos lágrimas se escaparon de sus ojos.
- Yo también te quiero Harry.- articuló ella con sus finos labios, para que nadie excepto yo lo escuchase.- siempre.


*********

¡Hola amores! Voy super justa de tiempo, asi que lo siento si no subo muy a menudo, pero la verdad es que vuestros comentarios me animan un monton. UNA PREGUNTA QUE ESPERO QUE RESPONDAIS, ¿os gustaria algo... subido de tono? Pero sin dejar de ser amoroso. ¿Me entendeis? Algo dulce pero un poco "perver". 
Es que no se que hacer, no se si os gustara (a mi me gusta bastante como quedaria) 
Y NADA, ¿SABEIS QUE QUEDAN 10 (mas o menos) CAPITULOS PARA QUE ACABE Y EMPIECE OTRA NOVELA? Esta será sobre Zayn, y creo que os va a gustar el doble... 
BUENO CHICAS, me alegrais mucho comentando, la verdad.
PD: La chica anonima que me comento el capitulo pasado, ¿tienes twitter y te aviso por DM o por un Tweet?
PD2: COMENTAD, QUE ME ANIMAIS A SEGUIR ESCRIBIENDO.
PD3: Este capitulo es un poco mierda.
Besos<3


domingo, 28 de abril de 2013

Capitulo 18

- ¿Que pasó para que hicieses eso?- preguntó mi compañero de celda cuando ya había acabado de llorar lo suficiente.
- Es duro de recordar… Todo ocurrió un sábado. Siempre me acordaré de ese día… 
»Caminaba tranquilamente un sábado por la noche, de aquellos que quieres salir a emborracharte y a follar toda la noche con la primera puta que encuentras por el bar. De repente gritos inundaron mis oídos, y sabía perfectamente de quien se trataba. Mi hermana corría peligro. Había escuchado miles de veces su grito. Recuerdo que cuando le hacía cosquillas de pequeños también gritaba, pero este era un grito distinto. Este grito llevaba cargado un pánico en la voz que se distinguiría a kilómetros. Mi primer acto reflejo fue correr. Ni siquiera sabía dónde estaba, yo solo seguía su grito, que todavía perduraba en el ambiente.«
»La encontré tirada en el suelo, llorando desconsolada, mientras unos tíos se iban corriendo. Le pregunté que le había pasado, que si estaba bien, que si tenía que matar a alguien. En aquel momento no creí que esa frase se podía hacer realidad. Le dije que se tranquilizase, que estaba con ella. Que yo siempre estaría con ella. Pasase lo que pasase. Me dijo que unos tíos se querían aprovechar de ella, y entre ellos, su ex novio. Gemma, días antes, había acabado con su relación ya que ella sabía que le ocultaba información. Salía a altas horas de la madrugada y volvía por la mañana, para amanecer con Gemma y hacerle creer que había pasado la noche con ella. Pero Gemma se daba cuenta de que no había estado por la noche, al lado derecho en la cama. Y Gemma sufría, porque sabía que se metía en líos. Y no se equivocaba. Drake se metía en muchos, muchos líos. Volvieron a venir. No se cansaron, y al ver que solo éramos dos y ellos cinco, volvieron. Normal, yo era y soy un niñato. Un niñato que se cagaba por todo. Me cogieron por el cuello y me levantaron. Me tiraron contra la pared mientras yo me moría de dolor. Ver a Gemma ahí tirada, llorando, mirando a esos tipos con odio y desprecio por lo que me estaban haciendo. Me empujaron dentro del pub que estaba justo delante. Me amenazaron diciéndome que si no hacia lo que les pedían, violarían a Gemma. Incluso serian capaces de otras cosas. Matarla, dijo mi subconsciente. Acepté. No sabía lo que me iban a decir de hacer. Pero no creí que me mandasen matar a alguien. Cuando me lo dijeron, me hicieron firmar un contrato conforme no le contaría esto a nadie.  Yo firmé, cegado por el amor que sentía y siento hacia mi hermana, la cual me ha apoyado des de llegué a este mundo. Cuando me dijeron que tenía que matar a una persona mi mundo se redujo a nada. No podía creer que me habían pedido eso. Me negué, pero ellos insistieron. Me volví a negar, hasta que me dijeron que por lo menos, yo me ocuparía de dejar limpio el sitio, sin huellas. No se permitían fallos. Acepté. Por lo menos no tenía que matar a nadie. Fui a aquel lugar siniestro y me encontré a aquel hombre muerto. Cerré los ojos e inspiré hondo. Me acerqué a aquel tipo, y cuando lo vi empecé a llorar. Mi padre. Era mi padre. Habían matado a mi padre. Lloré y lloré hasta que me quedé seco. Cogí su mano y la besé. Oh, papá, que frio estas. Susurré. Te quiero, dije bañado en lágrimas. ¿Por qué te han hecho esto? ¿Qué ha pasado papá? Hijos de puta… Yo no quería papá. Dios joder. Cuando acabé de llorar me entró la rabia. Dicen que hay fases para superar una muerte de un ser querido. Acababa de superar la tristeza. Ahora venia la rabia. Empecé a darle patadas a todo lo que me encontraba. Me tire al suelo como un niño pequeño, soltando pequeñas lágrimas mientras daba puñetazos al suelo. Y empecé a decirme que no podía ser mi padre. No, el no lo era. No podía estar muerto. Él no. Una de las personas que más ha significado en mi vida no. Por favor. Le grité a mi padre que parase. Que no se hiciese el muerto. Que no hacía gracia. Que era un gilipollas por hacerme esta broma. Y pasaron minutos. Y no contestaba. Y la fase de negación pasó para dar paso a la aceptación. Lloré y me acerqué a él. Papá, susurré, lo siento. Siento no haber pasado el poco tiempo que te quedaba contigo. Siento haberme comportado como un autentico gilipollas. Lo siento. Te quiero, ¿sabes? Siempre me sacas sonrisas. Eres tan bromista… Bueno, eras. Esa es la muerte, ¿no? Cambia de “eres” a “eras”.«
»Habían matado a mi padre. Llamé a mi madre y dos días después lo enterraron. Y días después me llevaron a declarar. Yo dije lo que sabía, pero ellos dijeron lo contrario. Dijeron que le tenía un odio interno a mi padre por dejar a mi madre, y que lo había matado a sangre fría. Que ellos habían trabajado para mí, cuando era al revés. Yo trabajé para ellos. Me hicieron trabajar para ellos, y sabía perfectamente sus normas, sus horarios y sus fiestas. Y sabía que los días impares no trabajaban. Por eso le pedí a Lucia que viniese solo los pares.  Me hicieron hacer trabajos para la comunidad hasta que dictaran lo que tendría que hacer, y el que más me gusto fue el de cuidador. Ahí conocí a Lucia. Y ahí la perdí también.«
»Aun recuerdo el olor a whisky de aquellos tipos…«
- Mierda, ¡LUCIA! 

Capitulo 17

Narra Harry

Hoy era miércoles. Hacía 2 días que la carta había llegado a manos de Lucia, pero sin embargo la carta me había llegado hoy. Raro, ¿verdad? Lucia no esperaría ni un segundo para responderme. ¿Qué le habrá pasado? ¿Estará enfadada conmigo?
- Perdone, ¿por qué tan tarde?- le pregunté al guardia, siendo discretamente observado por los presos que nos rodeaban.
- ¿Tan tarde el que?- pregunto él ya molesto. Ciertamente, le entendía, era demasiado pesado.
- La carta… Lucia no tardaría tanto en responderme.
- Oh, cierto. Lucia me la dio ayer por la noche, estaba muy nerviosa. Mientras me la daba le temblaban las manos. Yo le dije que cual era su problema, lo que le preocupaba, y me dijo que nada, que me fuese tranquilo. Pero la verdad es que noté mucha ansiedad en su voz. La casa olía diferente. No olía a ese perfume de lavandas que siempre impregnaba mi ropa y daba ciertos celos a mi mujer.- sonríe apenado, y sigue hablando.- la noté diferente. Muy diferente. Ten las 1000 libras.- coge de su cartera un talón y me lo extiende.- Sé que no te servirá ahora mismo para nada, pero dentro de 5 días vas a juicio. Allí te dirán la fianza que tienes que dar. Tus 1000 libras que me diste para vigilar a Lucia.- lo cojo entre mis manos, intentando digerir todo lo que me acababa de decir. Lucia siempre ha olido a ese perfume que tanto me gusta.
- ¿Me puedes decir a que olía?- dije mirándole fijamente a los ojos.
- Bueno… A alcohol. Whisky, concretando.
- Oh… gracias.
Me giré, sintiendo unas inútiles ganas de echarme al suelo a llorar como un niño. Mi madre me suele decir que queremos enamorarnos como adultos, pero luego lloramos como niños. Y, como cuando era pequeño, mi madre siempre tenía razón. Olí la carta. Whisky. Lucia, ¿qué te ha pasado...?
Empecé a leer.

Harry,
Esto se me está haciendo muy duro. Me ha dicho el guardia lo que has hecho. ¿Has matado a una persona? No vuelvas a enviarme cartas. No, Harry. No desde que sé eso. Yo… no te quiero. Nunca te he querido. Creo que mereces una explicación por la cual no te voy a enviar más cartas. Y no te voy a ir a ver. No te voy a volver a ver en mi vida. No me busques, no me llames, no hagas nada. Yo no apareceré. Me vuelvo a España.
Adiós.

No. No por favor. No es Lucia. No lo es. Ella no me diría esto. Lucia me quiere. Si, Lucia me quiere, mucho.
Solté una lágrima seguida de un sollozo silencioso.
- Eh, ¿estás bien?- preguntó mi “compi”.
- No…- absorbí por la nariz los mocos que me quedaban y me restregué la manga de esa camiseta mugrienta que llevaba en la nariz.
- ¿Qué te ha pasado, ricitos?- dijo sonriendo apenado.
- Mi novia… Quiero decir, la chica a la que quiero, que me ha…- solloce otra vez, soltando todas las lagrimas retenidas.- me ha dicho que se ha enterado de lo que he hecho. Yo no lo hice queriendo. Yo lo hice para salvar a mi hermana de esas personas que querían violarla o incluso llegar a matarla. Yo quiero a Lucia. Me ha dicho que nunca me ha querido. Que no la busque, que no la encontraré. Se va a España. Me deja aquí, solo, perdido, sin saber a dónde ir o con quien ir. Se va, y no pretende volver.

viernes, 19 de abril de 2013

Capitulo 16




Abrí lentamente el sobre mientras temblaba ligeramente. Empecé a leer. Las clases que Harry me había dado tendrían que haber sido más. Cuando intentábamos ponernos serios, hacia una de sus bromas y todo se estropeaba. Sonreí recordándolo todo. Me pasé media hora leyendo palabra a palabra. Al final volví a leérmelo nuevamente, concentrándome más en lo que decía. Empecé a reír mientras lloraba cuando leí la última frase de todas, y mientras veía la llave enganchada con celo. Esto no debería de estar pasándome a mí. Me acerque lentamente a la ventana con una taza con leche caliente entre mis manos. Esta noche no hacia buen tiempo. Llovía demasiado. Cogí un papel y empecé a escribir.


Harry,
Esto se me está haciendo muy duro. Me ha dicho el guardia que eres inocente, que ha visto muchas personas como tú, y todas lo eran. Que se te ve en esos ojos verdes que tienes tan bonitos.

Gracias por la llave, pero si voy no es por que quiera sentirme sola. Sola ya me siento en casa, y en todos los lados. Si voy es para sentirte más cerca. Soy muy cursi, ¿no?

Te sorprenderá lo que he cambiado en una semana y un día. No como Harry. No puedo comer. No sé qué me pasa, ya no te gustaré, ya no me querrás. Aunque estoy bien. Es eso lo que se tiene que decir cuando estas mal, ¿no? Porque con marcas en mis muñecas te diría que estoy bien. Con la cara pálida te diría que estoy cumpliendo mí promesa, y con los ojos rojos de tanto llorar.  Pero que estoy bien,  eh…

Dentro de poco nos veremos, y me verás. Ahora estoy sentada intentando hacer buena caligrafía, algo imposible en mí, y lo sabes.

Escuché un ruido que hizo que se me erizaran los pelos, un chirrido mientras la luz de un rayo se colaba por mí ventana. Parecía una típica película de miedo en la cual te raptaban. Sabía que dentro de casa no había nadie, pero fuera sí. Me giré lentamente viendo de reojo una sombra en la ventana. Hice como si nada, pero la taza se me cayó al suelo. La recogí y me volví a sentar. Estaba segura en la casa. Todo estaba cerrado. Cogí el bolígrafo y plasme en aquella hoja mugrienta todo lo que sentía en esos momentos.

Harry, ¿Cuándo volverás? ¿Sabes lo que te necesito? No, creo que no lo sabes. Sin ti no soy nada Harry. No, no lo soy. He querido engañarme a mi misma, he querido conservar el orgullo que nunca he tenido. Quiero decirte que hagas lo que sea, lo que esté en tú mano para arreglar las cosas y volver junto a mí. Paga la fianza que te impongan o un abogado de prestigio. Te pago la fianza que te impongan en el juicio o el abogado que necesites. Te lo daría todo, el mundo entero si hace falta, pero no puedo, y quiero ayudarte así.  
Te quiero
Aunque no lo creas
Te adoro
Aunque te cueste aceptarlo
Te necesito
Aunque pienses que no
Saldrás de ahí, confía en mí.
Lucia

Doble el papel y pensé en algo que me distrajese de Harry y de que estaba en la cárcel. Y se me ocurrió un juego, donde Harry solo se había ido de viaje. Claro, eso es. Oh, Harry, ¿Por qué no me has llevado a…? ¿A dónde se podría ir Harry? ¿Y sin mí? A un viaje de negocios. Exacto, se ha ido a un viaje de negocios a… Al Caribe. Mmm… No creo que el Caribe sea un lugar de negocios, con la playa, las chicas, los cubatas…
No, definitivamente al Caribe no. A… ¿Alaska? ¡No! Que frio.
Ya esta, a Nueva York. Se ha ido a Nueva York por que trabaja en un empleo de… de algo que le hace irse a Nueva York. Y volverá pronto. Claro que volverá pronto. El también me necesita a mí. O eso espero.
Apoyé mis brazos en el mármol, dejando caer mi cabeza sobre estos, y solté una gran carcajada. Estuve riendo durante más de un minuto, y paré cuando la barriga me empezó a hacer daño. Me sentí estúpida por haber reído tanto, pero lo necesitaba. Además, que Harry estuviese en un viaje de negocios era muy estúpido. Y, cuando me relajé, cerré los ojos, cayendo así en un profundo sueño, donde el único protagonista era un niño de pelo marrón y rizos, que reía sin parar en el prado, su lugar favorito.


jueves, 14 de marzo de 2013

Capitulo 15




- ¡Dios hijo mío! Te he echado tanto de menos… Tenía tantas ganas de verte.- sonrió y yo con ella. Primer sábado que está aquí. Sábado impar.
- Y yo mamá. ¿Has traído lo que te pedí?- pregunté esperanzado.
- Claro hijo mío, pero, ¿para qué quieres 1000 libras y tu cajita que no le dejas a nadie?- preguntó pegándose el teléfono más a la oreja.
- Voy a poner a salvo a alguien muy preciada para mí. Necesito ese dinero.- sonreí.- Gracias mamá.- vi como mi madre le daba a uno de los guardias la caja donde dentro se encontraba el dinero y mis dos collares con un avioncito de papel colgando de cada uno. El guardia abrió la puerta y me lo dio. Sonreí.
- Creo que es hora de marcharme. Te echaré de menos.- se levantó.- ¡hasta la semana que viene!- se le asomo una sonrisa bañada en lágrimas.
- Mamá, espera. ¿El próximo sábado que día es?- dije llamándole la atención.
- 20, ¿por qué?- preguntó extrañada.
- No puedes venir, es par. Tu solo ven los impares, ¿vale?- asintió no muy segura.- Dile a Gemma que no se torture, que no es su culpa. Sé que está mal, la conozco, y sé que se estará sintiendo muy culpable. Dile que la quiero, y que el próximo sábado que sea impar venga, que no le de miedo. No estoy enfadado con ella.- sonrió mientras se limpiaba las lagrimas que amenazaban con volver a salir de sus ojos.
- Se lo diré. Y que sepas que aunque estés aquí, y te hayas hecho tan mayor, tu siempre serás mi bebé…- sonreí mientras me aguantaba las lágrimas, y mientras ella se echaba a llorar aun más.
- ¡Que cursi mamá!- reí levemente mientras ella sonreía.
- Estoy tan orgulloso de vosotros dos… - habló mientras lloraba a gota gorda- ¡me voy ya bebé!- dijo gritando. Solté una carcajada cuando todos los presos que tenían visita se giraron, viendo a mi madre llorar como una madalena mientras se sonaba los mocos.
- Adiós mamá.- dije mientras reía.- ¡te quiero!
- Y yo hijito mío, y yo…- se fue alejando de la mesa que nos separaba por un cristal hasta que desapareció de mi vista. Esta visita me había alegrado para toda la semana, hasta que viese a Lucia, que me mantendría depresivo durante otra semana más. Creo que ver a Lucia solo me iba a traer problemas. Pero ella quería venir a verme, ella me rogó que si podía venir a verme. Y no puedes decir que no a la única persona que da un rayo de luz a tu vida. El guardia al cual iba a sobornar poco después me acompaño a la celda. En cuanto la cerró cogí mi caja, quité los dos avioncitos de papel colgando de una cadena, me puse uno, y en la caja guardé la única carta que había recibido de Lucia. Encima de la carta puse el otro colgante, y cerré la caja muy lentamente, respirando el olor de mi casa mezclado con el olor de Lucia. Olía verdaderamente bien.

Narra Lucia

Llamaron al timbre. Ya sabía quién era. La única persona que se presentaba aquí a las 12 de la madrugada, cuando acababa su turno.
- ¡Hola!- dije sonriente.
- Hola, Lucia, ¿verdad?- dijo aquel hombre que daba esperanza a mi vida. Asentí levemente.- Lo siento, es que soy muy malo para los nombres.- sonrió y yo con él.
- ¿Quiere pasar? Le puedo hacer otro té, o una tila, o un café, o lo que quiera. De verdad.
- Oh, no se preocupe, solo vengo de pasada. Su novio le quiere mucho. Me ha dado 1000 libras para vigilar que nadie le haga daño.
- Dile de mi parte qué pensaba que confiaba más en mí.- dije molesta.- ¿1000 libras?- susurré.- ¿qué clase de persona hace eso?
- Su novio, Lucia. Le quiere mucho.- sonrió.- ¿Sabe? He trabajado toda mi vida en esto, y le digo que he visto tanto como inocentes como culpables. Y nunca he juzgado sin estar totalmente seguro. Su novio es totalmente inocente. Se le ve en la mirada.
- Gracias, de verdad. Ha dado un rayo de esperanza a mi vida.
- La esperanza es lo único más fuerte que el miedo. Recuérdelo.- sonreí mientras acercaba a mis manos un sobre.
- Eh, señor, quédese esta llave, cuando no le abra entre.- abrió la palma de su mano y le entregué las llaves que colgaban de detrás de la puerta.
 - Jake, me llamo Jake.- sonrió fraternalmente.-
- Oh, se me olvidaba Jake, Harry no es mi novio.- sonreí mientras el soltaba una pequeña carcajada.
- Adiós Lucia.- hizo un gesto con la mano y desapareció por donde había venido. 
***************
Holaaaa!
Creo, o mas bien sé, que he cambiado totalmente el rumbo de la novela, esta muy rara, ¿no? jajajaja Harry en la cárcel, personajes nuevos... ains nosee! jajaja
bueno, yo comentaba para pedir opinion. Tengo un one shot hecho, y no se si colgarlo aqui o hacer otro blog o que jajajja
¿que pensaaaaais? hacedme saber vuestra fantaaaaastica opinion porfaplis! 
se os quiere:)


domingo, 10 de marzo de 2013

Capitulo 14




- Perdona, siento volverle a molestar, pero ¿me podría dar un poco de celo?- dije llevando mi mirada hacia el guardia.
- No le permitiré que me vuelva a molestar, ¿eh?- se alejó durante unos segundos y cuando volvió me dio el rollo de celo.
- Gracias señor, es usted muy amable, de verdad.-
- Que cruz de niño…- dijo el guardia. Me reí levemente y me giré, tumbándome en el suelo con el bolígrafo, el celo, y el papel. Empecé a escribir. Lo necesitaba. Escribiendo me sentía más cerca de Lucía.



Lucía:


No estoy molesto contigo. Es imposible estarlo. Solo quería ponerte a salvo, pero creo que lo estarás. Confío en ti, y lo sabes, pero necesito asegurarme de que de verdad estás bien. Mañana viene mi madre a verme, y me trae 1000 libras. ¿Para qué? Quiero saber que ellos no te van a encontrar. He cogido alguna confianza con el guardia, aunque no se le esté permitido. Él dice que eres muy guapa, y que preparas un té muy rico, pero dice que somos novios. Ya le  he dicho que no lo somos, pero nadie me cree, ni mi compañero ni nadie. Ni si quiera yo me lo quiero creer.


¿Sabes una cosa? Hoy he soñado contigo. Pero no era uno de estos sueños donde todo es perfecto, no lo era. Todo pasaba tan rápido… Te lo explicaré:

Era como un mundo al revés. Y todo era muy raro. Tú y yo, solos, perdidos. Ellos, juntos, unidos. Nosotros estábamos mirando el suelo des de las estrellas, ellos miraban las estrellas des del suelo. Cuando nosotros nos caíamos, ellos se levantaban. Cuando ellos se caían, nosotros nos levantábamos. Y te prometí que no te dejaría caer, que ellos no se levantarían, que no nos destruirían. Pero te dejé caer. Y ellos se levantaron, ellos nos destruyeron.

Raro, ¿verdad?


Puedes venir a verme Lucía, pero con una condición. Nada de llorar, ¿vale? Te daré una cosa muy importante para mí. Si lloras, yo lloro contigo, y no puedo permitirme eso, y si no, ya no hay Harry para Lucía.

Ven los Sábados pares, los impares vendrá o mi madre o mi hermana Gemma. Creo que ella está muy dolida, y sé perfectamente que se siente culpable de lo que me está pasando. Te lo explicaré cuando vengas, te explicaré porque estoy aquí, en esta mierda de cárcel.


¿Querías saberlo, no? Querías saber que estaba haciendo cuando leía tu carta. Al principio, me mordía el labio nerviosamente, cuando me dijiste que no volvías a España. Unos hoyuelos se asomaron alrededor de mi sonrisa cuando me dijiste que me necesitabas (yo también te necesito a ti). Una sonrisa aún más grande cuando me dijiste que me creías. Es muy importante para mí. Eso me da más fuerzas para luchar día a día aquí. Y temblar, temblé cuando olí tu carta. Olía a ti… Todas las demás cosas que me decías, me aguantaba las lágrimas. Sí Lucía, me las aguantaba. Pero mi compañero –apodado “compi” por mi- me dijo que llorase. Y vaya si lloré…


Esto se me está haciendo muy duro, pero dentro de poco voy a estar contigo, fuera de aquí, y seremos libres, seré libre.


Te estarás preguntando que ese pegote de celo, a que viene. Dentro de ese montón de celo hay una llave. Es la llave de nuestro lugar. Nuestro, y solo nuestro. Ves cuando lo necesites, cuando necesites estar sola.


Recuerda, los sábados pares, Lucía. Solo los pares, o si no, nos descubrirán. Te daré explicaciones, te las daré, pero no vengas los sábados nones, por favor.


Que sepas que soy tuyo. Solo tuyo. Esa canción que pusieron en el taxi, ¿la recuerdas?

“You belong to me, I belong to you”

Te pertenezco, me perteneces. Recuérdalo, ¿vale?


Sabes que no me gustan las ñoñerías, nunca me han gustado.


Te quiero.

De: Tu Harry.


Mierda, se me ha escapado una. 

Capitulo 13


Guardé la preciada carta debajo de la litera. La única llamada que me concedían cada día me la iban a dar justo ahora. No podía llamar a Lucía. Con Lucía solo cartas. Solo cartas o ellos se darían cuenta de la existencia de Lucia en mi vida. Llamé a mi madre, ella está muy preocupada por mí, aunque ya sabe que me encuentro aquí.

- ¡Hola mamá!- dije sonriente, sin saber la razón, mientras esperaba a que contestase.
- Dios, hijo mío, ¿como estas? ¿Te han hecho algo? ¿Estás bien? ¿Quieres algo? ¿Puedo ir a visitarte? Por dios, ¡Contesta!
- ¡Pero si no me das tiempo!- reí levemente.- estoy perfectamente, nadie me ha hecho nada, puedes venir a visitarme los sábados, solo los sábados, pero habrá algunos que vendrá otra persona… y si, por favor, mañana, sábado, tráeme la caja que tengo de cuando era pequeño, donde dentro se encuentra mis dos collares del avioncito de papel. ¿Recuerdas? Pero toda la caja, por favor.
- Dicho y hecho, hijito mío. Espera que me lo apunto…- el guardia me miro diciéndome que cortase ya la llamada.
- Mamá, tengo que colgar ya…- dije tristemente.- Oh, también necesito 1000 libras, por favor. Te quiero. ¡Hasta mañana!- sonreí mientras me quitaba el teléfono del oído.
- ¡¿1000 libras para qué?! ¡Burro! ¡No me cuelgues eh!- escuché antes de cortar la llamada.
Volví a sonreír mientras me dirigía a mi celda. Me giré recordando que aún no había respondido a Lucía a la carta.
- Perdona, ¿podría darme unas cuantas hojas más y un bolígrafo, y me los quedo para no molestarle más?- dije mirándole fijamente.
- Claro, aunque me molestas igualmente. Voy a tenerle que dar a su novia todas estas cartas…
- Es usted una muy buena persona, de verdad.- le dije sonriente.- Oh, y no es mi novia…- sonreí mientras me ruboricé imaginándonos a los dos de novios. Haríamos muy buena pareja. El guardia sonrió, dando por mentira mis anteriores palabras, viendo mis mejillas ligeramente rojas.
- Claro, claro…- dijo sarcásticamente.- Es muy guapa su novia, de verdad.
- ¡Gracias!- dije sonriente- ¡Espera, pero si no es mi novia!- soltó una carcajada y me dio unas cuantas hojas de papel junto con un bolígrafo de tinta negra.
- No se me está permitido proteger a los presos.- dijo mirándome.- pero tú me caes bien. Y tu novia también. ¡Me invitó a un té cuando le fui a dar la carta! Me fije en la dirección y vi que caía justamente al lado de mi casa.- sonreí y cerro la celda detrás de mí.- es muy maja, tu novia.- y se giró dándome la espalda, controlando a todo el que entraba o salía de aquella habitación llena de testosterona revolucionada.
- Así que tu novia…- me dijo mi compañero.
- No es mi novia.- dije ya irritado. Irritado porque quería que lo fuese pero me había dado cuenta muy tarde.
- Vale, vale, ricitos.- sonreí.
- Todavía no sé tu nombre.- dije mirándole.
- No me gusta mi nombre. Para ti soy compi.
- ¿Compi? Que cursi y ñoño.
- Como tú con tu supuesta novia. Por eso para ti soy compi.
- Vale, compi.- soltó una carcajada y yo me reí levemente.
- Harry, ¿verdad?
- Aja…- dije volviéndome a leer la carta.
- Escribe Harry, tu novia te necesita.
- A ello voy.- sonreí y cogí una hoja del montón de papel que me había dado el guardia.
Quizás nuestra historia no fuese la mejor de todas. Quizás no hemos estado predestinados para estar juntos. Quizás nosotros estábamos destinados a estar separados, de la manera que fuese. Pero Lucia y yo sabíamos que nos queríamos. ¿Qué más necesitamos? Nos tenemos el uno al otro, en la distancia. ¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo es posible sentir a alguien que esta tan lejos de ti, tan cerca? Con Lucia todo es diferente. Todo parece más fácil, incluso lo difícil. Quizás hemos sido unos ilusos, unos inocentes e ignorantes que pensábamos que siempre iba a ser toda la vida de color, toda la vida juntos. Quizás en cuanto recibí ese mensaje solo pensé en Lucia. Yo solo quería protegerla. Cuando ella se quedo dormida mientras jugaba tiernamente con su cabello, perfectamente perfecto, como ella, recibí un mensaje. Era mi madre.

“Ven YA para casa. Te han encontrado, han dado contigo. Están esperándote, y no te dejaran en paz si no vienes. Te quiero mucho, mamá”

Después de leerlo, di un beso en la mejilla a Lucia y me tumbé junto a ella, a su lado, abrazándola suavemente mientras me dormía. Yo sabía que era la última vez que iba a estar con ella así, y lo intenté aprovechar hasta que todo se jodió, hasta que le di un último adiós. Hasta que le di ese beso de despedida.



Capitulo 12




Las cosas me iban bastante bien, de momento. Ya me habían dado la razón de por qué estaba aquí, y era precisamente lo que suponía. Esos cabrones…
Habían pasado unos cuantos días des de que le mandé la carta a Lucía, y todavía esperaba su respuesta. Esperaba que esos cabrones no la hubiesen interceptado a tiempo, esperaba que Lucía estuviese ya en España, esperaba que Lucía estuviese a salvo. No quiero ponerla en peligro, y si ellos se enteraban de que ella era tan importante para mí, si ellos supiesen lo que la quería, ella estaría en peligro. Demasiado. Por mi culpa. Todo por mi puta culpa. Me odio. Ahora mismo, me odio por hacerle esto a Lucia. Ella no tiene la culpa de lo que ellos hicieron, de lo que yo hice por poner a salvo a Gemma, mi hermana. Todo fue un error. Ellos no le iban a hacer nada a Gemma, lo sabía, pero necesitaba verlo con mis propios ojos. Necesitaba estar seguro, lo necesitaba…
- Tú, el de los rizos despeinados, acércate.- el guardia me habló con seguridad transmitiéndome miedo. – me han dado esto para ti. De nada.
- Dios, muchísimas gracias, enserio, de verdad, muchísimas gracias.- sonreí ampliamente y cogí el sobrecito que tenia entre las manos. Cuando lo tuve entre las mías, me giré, y lo abracé, sintiendo el olor de Lucia, ese olor que me hacia enloquecer. Me lo acerqué a la nariz y esnife su olor más de cerca. Como la echaba de menos…
- Va, ábrela, ñoñas.- me dijo mi compañero, aun sin saber su verdadero nombre, riendo levemente. La abrí poco a poco y empecé a leerla.

Sabes que siempre he ido a lo tradicional, así que,
“Querido Harry”

Ahora mismo, en el hipotético caso de que hubiese aceptado tu petición o, obligación, de irme a España, estaría montada en un avión, observando todo lo que se queda atrás. Y ya sabrás lo que eso significa, ¿no? Me quedo aquí. En Londres. En el único lugar donde he encontrado mi razón de seguir viviendo, y donde la he perdido también.

Quiero decirte que se cuidarme sola, aunque no te lo creas. Quiero decirte que no necesito a nadie, aunque te necesite a ti. Quiero decirte que estaré bien, aunque “ellos” no me lo permitan. No te preocupes por mí. Sé egoísta y preocúpate por ti, que creo que en estos momentos lo necesitas más que yo.

Ya sé dónde estás. No, ellos no han venido a decírmelo. Un señor extraño y corpulento me lo ha dicho. Me ha dicho que estas en la cárcel. Que él es tu guardia. Me ha dicho que, ya que él vive al lado de mi casa, me dará todas tus cartas, y te dará todas las mías. Saldrás de ahí, te lo prometo. Te haré salir de ahí. No sé lo que has hecho, no quiero saberlo, quiero que me lo digas, quiero que me mires a los ojos y me digas que has hecho, o que no has hecho. Porque te creo Harry. Sé que no eres capaz de matar a nadie. Sé que darías la vida por las personas a las que más quieres. Lo sé. Y algo tuvo que pasar para  que te este ocurriendo esto. Esta pesadilla para los dos. Porque para mí también es una pesadilla.

Y no, no te conozco. Quizás estuviese equivocada pensando en cuales eran tus debilidades y en tus miedos. Yo no sabía nada Harry. No sabía que era yo. Ni si quiera sabia que me querías. He sido una ilusa, ¿verdad? Y por esa razón hemos dejado pasar una oportunidad que quizás nunca vuelva a llegar. Me has demostrado que me conoces, porque si, me estaba mordiendo las uñas. Y sí, te estaba maldiciendo por no haberme dado más clases de lectura (y de escribir, ya que lo estoy haciendo muy lentamente). Oh, y también estaba llorando mientras sonreía -igual que cuando te vi por primera vez- mientras leía un “Te quiero” tuyo. Y yo ahora no sé lo que estarás haciendo. No sé si estarás sonriendo mientras tus hoyuelos se marcan a los dos lados de tu boca. No sé si te estarás mordiendo el labio de nerviosismo o si estarás temblando como yo lo hice cuando leía tu carta. No lo sé Harry. Pero quiero saberlo.

Por dios Harry, necesito saber que estas bien. Necesito verte. Déjame ir a verte por favor.  Necesito ver esos ojos color verde más que azul. Porque sé lo que es verde (he mirado en internet, no creas que soy un genio).

 Por cierto, espero que no te enfades conmigo por no irme a España. Confía en mí. Te prometí que estaría bien. Créeme que lo estaré.

Yo sí que voy a acabar la carta con un “Te quiere, tu Lucia” Porque siempre seré tuya Harry, aunque tú nunca vayas a ser mío.


Me volví a aguantar las lágrimas. Estaba seguro de que se había tirado horas para escribir eso. Sonreí, mirando su caligrafía y su gigante letra.
- Eh tu, ricitos.- me llamó mi compañero.- llora todo lo que quieras, nadie te hará nada. Sé que necesitas llorar. Todos lo hemos hecho alguna vez aquí.- sonreí mientras dejaba caer la carta de mis manos, llevándomelas ahora a mis ojos, sollozando silenciosamente. Esto sería muy, muy duro.

Capitulo 11




Narra Harry

Miré al único guardia que había fuera de mi celda. Yo sabía perfectamente porque estaba aquí, aunque aun no me lo hubiese dicho nadie. Y sabía que todo esto era un error, que no tendría que estar yo, precisamente yo, aquí. Solo fue un pasado oscuro. Un pasado oscuro del que pretendía escapar con Lucía. Me acerqué lentamente al guardia, y le rogué si me podía dar un lápiz y un papel, le dije que necesitaba escribir a alguien, a alguien muy importante. En cuanto tuve el papel y el lápiz entre mis manos, empecé a escribir ansiosamente.


No suelo empezar las cartas con un “Querida Lucia”,


Solo hace unos días que me he ido y te echo de menos. Necesito escribirte, saber que cumples mi promesa, saber que estas bien. Porque yo no lo estoy. Sinceramente, no creo que esta carta llegue nunca a tus manos, los hijos de puta estos no lo van a permitir.


No sabes ni donde estoy, ni que estoy haciendo. Lo descubrirás más adelante. Ellos se ocuparan de decírtelo. Sé que te asustarás, pero te juro que yo no he hecho nada. Ellos me han inculpado. Aunque espero que nunca te lo lleguen a decir, porque si no, estarías en peligro. Yo me ocuparía de decírtelo.


Ahora estoy sentado en el suelo, escribiéndote, con la mirada de mi compañero puesta en mí y mi carta. ¿Qué compañero? No creo que sepas quien es. Él ha sido el que me ha dicho que no se permiten enamorados aquí, y es que ¿a caso yo estoy enamorado de ti? Quizás este señor musculoso que transmite miedo tenga razón. Quizás lo esté. Quizás he estado esquivando esta verdad durante mucho tiempo. Sé que lo has pasado mal. Sé que lo estas pasando mal. Piensas que no me conoces, yo mismo te lo dije. No conoces mi pasado, nunca se lo he explicado a nadie. Te prometo que te lo explicaré, te lo prometo. Pero quiero que sepas que yo sí que te conozco a ti. Sé que ahora mismo, en el caso de que lo estés leyendo, te estarás mordiendo las uñas y los trocitos de piel alrededor de ellas. Sé que estarás pensando que por qué no te habré enseñado a leer más rápido. Sé que estarás temblando levemente, y que una sonrisa bañada en lágrimas te estará saliendo cuando te diga que te quiero. Te quiero. Ya estas sonriendo. Lo sé.


Con esta carta quiero pedirte, rogarte, y hacerte prometer que volverás a España, el único lugar donde estarás a salvo… Por favor, júramelo por lo que más quieras.


No voy a acabar la carta con un “Te quiere, tu Harry” Porque no soy tuyo. Ya no… Así que vuelve a España, ¿vale? Ya no tienes a nadie aquí. Escríbeme de vuelta diciéndome tu dirección de España. Porque las próximas cartas te las enviare ahí. Porque es ahí donde estarás. Es ahí donde te encontraras a salvo… Ellos saben que tú eres mi debilidad, ellos saben que tú eres mi miedo, ellos saben que tú eres mi vida. Ellos irán a por ti.


Doblé la carta y puse la dirección del apartamento de Lucía. Quizás haya sido muy directo, pero Lucía necesita una explicación, aunque no le haya dado muchas en esta carta. Más adelante se las daré. Cuando Lucía se encuentre a salvo. Me senté aguantándome las lágrimas. Aquí no está permitido ser un llorón. Y si lo eres, te tachan de gay, de maricón, y te hacen la vida imposible. Y si me voy a tirar aquí un tiempo, no me voy a permitir fallos. No más fallos. Prohibido fallar o te follarán. Literalmente. Así que parpadeé levemente mirando hacia arriba y las lágrimas que pretendían salir quedaron dentro. Le di al guardia la carta, y le rogué con la mirada que por favor, como un favor personal, la hiciese entregar. Que era muy importante para mí. Que había una persona esperándola. Después de mucho insistir, le soborné. Le di el único dinero que llevaba en la cartera. En realidad, llevaba bastante, llevaba 200 libras. Y con eso él se conformó. Le dije que por favor, que no tenía más dinero, pero que de aquí en adelante, necesitaba que enviase mis cartas. El asintió. Al fin y al cabo, todos tenemos un poco de corazón, por muy escondido que esté. Me giré y vi a mi compañero mirándome fijamente.
- Te ayudaré a sobrevivir aquí. No necesito nada a cambio. Yo no quiero tu sucio dinero, como le has dado al guardia. Yo solo quiero que me expliques lo que has hecho para estar aquí.- abrió sus palmas y levanto sus brazos musculados, señalando a la celda en la que nos encontrábamos.
En ese preciso instante, el guardia nos avisó de que debíamos ir a cenar. Cada vez que iba a cenar se metían conmigo, y me sentaba en una mesa apartada de todos.
- Trato hecho.- estreche su mano y él la apretó haciendo crujir mis dedos.
- Siéntate en mi mesa para comer. Serás mi protegido.-

Capitulo 10




- Eh, Harry, despierta, que nos hemos dormido- dije mientras sacudía ligeramente su cabeza en un intento de despertarle. Harry y yo nos habíamos tumbado horas antes, habíamos observado durante minutos el cielo azul y las nubes que pasaban, intentando ponerle formas de animales, objetos, comida..., y poco después caímos los dos en un profundo sueño. No sé cuál de los dos se durmió antes, pero presiento que fui yo, ya que recuerdo su mano paseándose libremente por mi cabello suelto. Harry no se despertaba, así que me senté encima de él y empecé a moverle la cara. Gruño suavemente y abrió los ojos, notando que me tenía justo encima.
- ¿Pero que se supone que haces?- dijo sentándose mientras yo me enredaba sobre sus caderas.
- Pues intentar despertarte.- sonreí y me levanté.- y veo que lo he conseguido.- me giré dispuesta a recoger mis cosas, pero Harry me cogió de la mano, estirándome para que volviésemos a quedarnos como antes habíamos estado.
- Eh, ¿por qué has hecho eso?- dije llevando mi mirada hacia sus ojos, la cual aparté segundos después, al ver que no podía con su mirada. Me dio un beso en la mejilla mientras me apretaba más a él.
- Te dejo marchar si me prometes una cosa.- sonrió y yo con él.
- Sorpréndeme.- Sonreí y deje que hablase.
- Prométeme que si algún día yo no estoy contigo, te cuidarás por mí.- dijo mirándome a los ojos, que ahora lo único que transmitían era un sentimiento neutral.
- Pues claro, ¿a qué viene esto Harry?- dije mirándole fijamente.
- Oh, por nada. ¡Tonterías mías Lucia! Ya sabes, esta cabeza no descansa ni un minuto- Sonreí mientras me levantaba, sin que Harry se opusiese. No sé cómo se lo hacía, pero siempre acababa sonriendo. Cogí los pocos objetos que llevaba y Harry hizo lo mismo. Para volver a casa cogimos un taxi, ya que ni a Harry ni a mí nos apetecía caminar, y había empezado a llover. En el taxi, sonó una canción en la cual Harry y yo nos miramos, avergonzados… Quizás el había pensado lo mismo que yo. Después de esta conexión Harry estuvo muy distante a mí, no sabía que lo podría estar pasando ahora mismo por la cabeza. Algunas veces era muy predecible, pero otras tantas ni te podías ni imaginar lo que podría estar pensando. Y ahora era una de esas veces. Estaba concentrado en un punto exacto de la ventana, donde se juntaban todas las gotas haciendo un cumulo de ellas. Estiré mi mano para intentar cogerle la suya, y cuando la encontré, las entrelazamos haciendo una única mano. Me la apretó levemente, y en ese momento comprendí que algo iba mal. ¿Por qué? Si tan solo me había dado un apretón de manos… Pero esa leve presión me hizo sentir que no quería dejarme marchar. Que quería protegerme. Además de la promesa… Y me dio miedo. Miedo de no saber lo que pasaba. Miedo de que Harry me dejase sola. Y le prometí que confiaría en el, pero el miedo me lo impedía. Poco a poco fui separando nuestras manos hasta que la entrelacé con mi otra mano, jugando nerviosamente con ellas. Arrancándome los trocitos de piel que se encontraban al lado de las uñas con estas mismas. Haciendo petar mis dedos, o intentándolo. Porque estaba muy nerviosa. Notaba que a Harry le pasaba algo, y no sabía el que. No sabía si era bueno o malo, aunque por la cara que tenia suponía que era malo. Algo malo. Otra decepción más para Lucia. Para mi historia interminable. Mi gigante lista de decepciones.
<< Va Lucía, por una decepción mas no pasa nada, ¿verdad? >> Pensé. Pero era mentira. Harry es Harry, y lo que había desarrollado con él en tan pocos meses era muy fuerte. Tanto que empecé a llorar sigilosamente, para que nadie me escuchase. Para que él no me escuchase. En realidad, no tenía nada en claro, solo se me había metido entre ceja y ceja que algo había pasado, que algo malo carcomía a Harry por dentro, y que me iba a afectar fuese como fuese. En cuanto llegásemos tendría una charla con él… y así lo hice. Llegamos a la puerta del apartamento, pagamos al taxista y entramos al portal, subiendo poco a poco las escaleras. Entré y me giré quedando cara a cara con Harry.
- ¿Se puede saber por qué estas tan esquivo conmigo?- pregunté mirándolo fijamente, intentando deducir que era lo que le pasaba.
- No digas tonterías, Lucía.- me apartó la mirada y pasó por mi lado, yendo a recoger sus llaves y demás.
- ¿Te vas a ir? ¿No te vas a quedar a decirme lo que te pasa?- le dije irritada. Se giró, me miró, y volvió a girarse.
- ¿Por qué piensas que me pasa algo?- me dijo irritado también.
- ¡Porque no eres el Harry de siempre!- dije medio gritando. Se giró y me miró fijamente.
- ¡Tú no sabes nada de mí! ¡No sabes nada de mi vida! ¡No me conoces joder!- me miró con los ojos dolidos, gritándome. Solté una pequeña lágrima. Tenía razón. Yo no conocía a Harry. No conocía su pasado. Creía que le conocía. Que sabía sus debilidades. Que sabía sus miedos. Y he sido una ilusa. Me giré y abrí la puerta, obligándole más que invitándole a irse. Sollocé silenciosamente mientras bajaba la mirada, viendo des de mis ojos nublados como caían las lágrimas a mis zapatos.
- Perdón Lucia.- cogió mi barbilla entre sus dedos, haciendo que le mirase.- Dentro de poco lo comprenderás todo. Cumple la promesa, ¿vale?- sonrió melancólicamente.- Hasta siempre.- una gota cayó de sus ojos, y me beso, mientras sus lágrimas y las mías se juntaban en nuestros labios, ahora convertidos en uno. Se separó de mí y cerró la puerta, dándome a entender que no lo volvería a ver, y no sabía el por qué. No sabía nada de él, ¿no?

viernes, 15 de febrero de 2013

Capitulo 9





Las ganas de gritar invadieron mi cuerpo. Por fin. Podía hacer lo que quisiese en el momento que quisiese sin que nadie me dijese que no lo podía hacer. Miré una vez más a la persona que tenía delante y la abracé ya que se marchaba y pocas veces más la volvería a ver. Karen había venido a verme durante estos dos días en los que me han tenido en pruebas. En cuanto la vi no pude evitar sonreír y soltar un fuerte grito, de esos que te rompen hasta el tímpano. Sabía perfectamente que era ella. Esos ojos rasgados y ese pelo que tantas veces había imaginado serian inconfundibles, aunque no los hubiese visto en mi vida.
- Cuídate, te prometo que esta no será la última vez que nos veamos.- me dijo sonriendo e intentando aguantarse las lagrimas.
- Estoy segura de eso.- le sonreí y dejé que se marchase en un taxi para coger su avión. Asomo la cabeza por la ventana y me miro una última vez.- ¿Seguro que no quieres venirte a España? Podrías quedarte en mi casa.- dijo sonriéndome.
- No Karen, aquí he encontrado algo que nunca había tenido.- sonreí pensando en Harry y el taxi arrancó.
- Adiós Lucia, hasta pronto.- sonrió melancólicamente e hizo un gesto con la mano que interpreté como otro adiós.
- ¡Adiós Karen!- dije gritando mientras veía como el taxi se alejaba con una persona que ha vivido conmigo toda mi vida. Desde que mi madre me salvo la vida hasta que Harry reconstruyó esta. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al pensar en él. Pensándolo detenidamente, él ha sido el que ha salvado mi vida. Solté un grito ahogado seguido de una pequeña carcajada al notar a Harry abrazarme por detrás.  Puso su barbilla en mi hombro mientras me apretaba más contra él.
- ¿Por qué te has quedado aquí?- me pregunto sonriente.- ¿Por qué no te has ido con Karen?
- Sabes perfectamente porque me he quedado.- me giré quedando así cara a cara, demasiado cerca.
- No lo sé…- dijo con voz infantil mientras sonreía ampliamente.
- Vamos Harry, no me hagas decirlo.- sonrió y me apartó bruscamente de él.- tampoco cal que me trates así.- me crucé de brazos y volvió a abrazarme.
- No cal que lo digas.- sonrió y me beso la mejilla.- yo ya sé que te quedas por mí.
- Pues si lo sabes no preguntes.- soltó una gran carcajada.- no hace gracia.- le miré desafiante, pero tuve que apartar la mirada.
- ¿Eso es azul?- pregunté volviendo a posar mi mirada sobre sus ojos, tocándolos ligeramente mientras Harry los cerraba.
- En realidad es un color raro. Es como verde pero azul. Azul pero verde.
- Entiendo…- dije intentando parecer interesada.
- Ven, voy a enseñarte mis sitios favoritos.- sonreí y me cogió de la mano. Empezamos a caminar por no sé dónde. Comencé a ver edificios gigantes y me sorprendí. Somos pequeños. Muy pequeños. Me sentía una hormiga rodeada de humanos. Quizás estábamos perdidos, porque me parecía ver a los mismos edificios o por lo menos, muy, muy parecidos. Nos adentramos en una calle que parecía llevar a ninguna parte, pero me equivocaba. Al final de esta, había una gran puerta, que parecía que no se habría de ninguna de las maneras, ya que parecía de un material muy duro, como el hierro o similar. Pero me volví a equivocar. Harry saco una llave de su bolsillo trasero y me lo enseño, haciendo un ruidito un tanto peculiar mientras movía sus muñecas y las llaves se movían con ella. Sonreí al mismo tiempo que él lo hacía, y me volvió a coger de la mano, que mucho antes de haber llegado a esta puerta la había soltado. La abrió poco a poco y fuimos avanzando. Creí que sería un espacio totalmente cerrado, pero me equivocaba, como había hecho antes. No dejaba de sorprenderme. La verdad es que todo ser humano hubiese pensado que dentro de esa puerta había un almacén, o cualquier espacio cerrado. Todo menos eso.  Era un espacio donde se podía estar totalmente libre, sin limitaciones, sin personas a tu alrededor que te miran sin saber el por qué de hacer eso. Una explanada de hierba recién cortada se extendía ante mis ojos, recién estrenados. Como si fuesen un juguete o unos pantalones, pero con mucho mas valor para mí. Y tanto que tenían valor… Todo parecía un paraíso. Como el que sale en el primer pasaje de la biblia. Donde salen Adan y Eva. Y ahora estamos Harry y Lucia.
- ¿Te gusta?- preguntó mirándome tiernamente.
- Me encanta- sonreí y le solté de la mano para ir a explorar lo que mi vista no podía ver. Di varias vueltas sobre mí misma, mirando lentamente todo lo que había a mi alrededor.
- Es mi lugar favorito. Solo yo tengo la llave. Y nadie sabe que aquí esta esto.- dijo señalando a toda la explanada que se encontraba a nuestro alrededor.- Solo lo sabemos tu y yo.- y volvió a entrelazar nuestras manos.

martes, 29 de enero de 2013

Capitulo 8




Ya no hay vuelta atrás. Todo va a cambiar en escasos minutos, todo en mi vida va a ser diferente, y no voy a poder hacer nada para pararlo, simplemente, porque quiero que todo cambie. La manera de sentir, de escuchar, de tocar, de imaginar. Nada va a ser igual. Aunque cabe una pequeña posibilidad de que todo siga siendo lo mismo, la misma rutina de siempre. En ese caso, mi mundo se derrumbaría, y se me haría muy difícil continuar. He puesto todas las esperanzas que no tenía en esta operación, y si salía mal… No me quiero imaginar lo que pasaría si saliese mal. Simplemente quiero disfrutar del momento, y poner toda mi alegría y mi ilusión en ello. Pensar que voy a poder ver, pensar que es un sueño aunque pequeñas cosas me dijesen que no lo era. Notaba una presión muy fuerte en mi mano, y un señor hablando sin ton ni son.
- Harry, me vas a hacer daño en la mano…- le susurré. A la velocidad de un rayo, Harry quitó su mano de encima de la mía.- ¡Tch!- le llamé.- No he dicho que me sueltes.- sonreí. Volvió a posar su mano en la mía y sentí muchas miradas puestas en mí. Me sentía observada. Alguien que no conocía puso sus dos manos en el comienzo de la venda, y empezó a estirarla. Todo esto tenía que ser un sueño, aunque la constante presión de las manos de Harry contra las mías me decía que no lo era. Nada cubría mi rostro ahora, y mis ojos estaban apretados. No quería saber lo que me esperaba, tenía miedo de lo que pudiese pasar, o lo que no pudiese pasar.
- Va Lucía, no tengas miedo…- me dijo Harry al oído.- estoy aquí, ¿recuerdas?- sonreí y abrí los ojos lentamente. Cuando ya llevaba medio ojo abierto, los volví a cerrar aún más fuerte.
- Harry, ponte delante de mí.
- ¿Qué dices?
- Eso, Harry, que quiero que te pongas delante de mí.- hubo un silencio extraño, y aunque sabía que había muchas miradas puestas encima de mí llenas de impaciencia, seguí.- No lo entiendes, ¿eh?- reí levemente y subí mis manos hasta intentar encontrarme con esos ricitos que tanto esperaba ver, y cuando lo hice, me acerqué a su oreja.- quiero que seas la primera persona a la que veo.- susurré sonriéndole. Me dio un apretón de manos que me hizo sacar un grito ahogado, y sonrió igual que yo. Se colocó donde le dije que lo hiciese y empecé a abrir los ojos segura de que me iba a encontrar a Harry delante, aunque los tuve que cerrar segundos antes por algo que me impedía abrirlos del todo.
- Dios, me duelen los ojos, hay algo que me molesta…
- ¿Habéis oído eso? ¡Ha notado la luz!- murmuró contento uno de los allí presentes. Volví a abrir los ojos y se me fue aclarando la vista, hasta que, supongo que unos rizos, aparecieron delante de mí.
- Dios Lucía, dime que me ves, por favor.- me dijo la voz de Harry delante de mí. Dios, era precioso, y justamente como me lo había imaginado miles de veces en mi cabeza.
- Claro que te veo, Harry.- sonreí a más no poder hasta que a Harry también se le contagio mi enorme sonrisa. Los famosos hoyuelos aparecieron a los lados de su boca. Eso le quedaba genial. Me abrazo mientras soltaba algunas lágrimas.
- Pero Harry, ¿por qué lloras
- ¡Porque me ves!- dijo gritando.- ¡Porque puedes ver Lucía!
- A este paso me voy a quedar sorda con tus gritos.- dije con un poco de humor. Tomárselo con humor era lo que se necesitaba en un hospital. Harry soltó una gran carcajada y me soltó del gran abrazo que me había estado dando durante tantos minutos.
- Dios Lucia, me acabas de hacer el hombre más feliz del planeta entero, te lo juro.- me dijo Harry mientras posaba sus manos en mis dos mejillas. Solté una gran carcajada que no pude evitar. Me despedí de él ya que me tenían que hacer varias preguntas y muchas pruebas, y también debía quedarme en observación toda la noche.
No entendía como podía estarme pasando esto. A mí. A la Lucia que salió de un centro de acogida. A la Lucia a la que su madre le abandono por miedo a su padre. A la Lucia que ni si quiera sabía lo que su madre la quería. Y tampoco sabía lo que su padre podría llegar a hacer. Es que no debe de estar pasando. ¿Pero por qué a mí? Quizás estaba destinada. Estaba escrito. Quizás toda mi vida ha estado escrita des del primer momento en el que nací. Cosas que tienen que suceder, que no encuentras el motivo ni el por qué. Y es ahí cuando te vuelves a plantear el por qué de tu existencia. Y es ahí cuando te das cuenta de que existes por algo, que no solo para ser infeliz. Que ahora hay más que eso. Mucho más. Que ahora puedes decir que eres totalmente feliz. Ahora puedes gritarlo a los cuatro vientos, como se suele decir. Que ya no te sientes sola, que no lo estás. Que tienes a personas, o a una persona, que lo ha cambiado todo. Y que darías lo que fuese por ver su sonrisa, por ver sus hoyuelos. Porque sí, ahora puedes ver su sonrisa. 

lunes, 21 de enero de 2013

Capitulo 7



En la vida siempre hay obstáculos  de esos que te impiden seguir, y de esos que te ayudan a seguir adelante. Cuando superas un obstáculo te haces más fuerte, y nada te impide seguir tu camino. Todo cambia, y nada vuelve a su posición inicial. A veces esos obstáculos se convierten en miedos. Y siempre nos preguntamos lo mismo: "¿Por que existe el miedo?" Y en el preciso instante en el que superamos al miedo, es cuando nos damos cuenta de que es algo que debemos superar, porque si no, no podremos avanzar, y nos quedaremos estancados. A veces, el miedo se convierte en lagrimas, y aunque no nos demos cuenta, esas lagrimas que desechamos, son gritos de socorro en silencio. Y normalmente, nuestro mayor miedo es el de perder a una persona. Y ese miedo tan común en las personas, era lo que yo sentía en ese preciso instante. Era la hora de decir adiós. Hoy me quitaban la venda, y con ello, días después, a mi cuidador, a Harry. No he hablado con él sobre esto, porque cada vez que intentaba sacar el tema, un nudo se formaba en mi garganta y me impedía soltar palabra alguna. Harry se encontraba a mi lado, pocas horas después estaríamos en ese hospital en el que tantas cosas habían sucedido.
- Oye Lucía, ¿qué te pasa?- una de sus manos se posaron encima de las mías, y esa maldita sensación volvió a mí. ¿Cómo puede ser que me este pasando esto? ¿Y cómo puede ser que me pregunte eso? Está claro que en cuanto Harry me enseñe todo lo que tengo que aprender después de que me quiten la venda ya no nos veremos más, y encima, me pregunta eso. Pues mal Harry, mal, porque ya no te sentiré mas conmigo. Porque te vas a ir, y vas a desaparecer de mi vida como tantas otras personas lo han hecho. Pero a millas de decirle lo que me pasaba, disimulé.
- Eh... ¿a mí?- reí.- no me pasa nada, serán imaginaciones tuyas.
- Vamos Lucía, que no me chupo el dedo.- me dijo seriamente mientras su otra mano se paseaba tranquilamente por mi pelo.
- ¿Y qué me va a pasar?- dije quitándole importancia a todo.
- Pues no se Lucía. Des de que pasó…- ya lo ha mencionado- lo que pasó, no eres la misma.
- ¿A qué te refieres?- ya sabía a lo que se refería.
- A cuando…- suspiró.- Lucía, a cuando nos besamos sin querer.- sin querer. Menuda mierda.
- No es verdad. Sigo igual que siempre.- dije secamente.- solo que…
- ¿Que qué?- me dijo impaciente.
- Nada Harry, déjalo.-
- Va Lucía, puedes confiar en mí.
- Que no Harry.
- Vamos…
- ¡Que tengo miedo Harry!- dije gritando.- Joder, tengo miedo de que te vayas y vuelva a estar sola. ¿Lo entiendes? Ya he pasado por esto, y se me hizo muy duro. Y no va a ser fácil, pero ya me acostumbraré- dije en un susurro- no te preocupes por mi.- mi voz se cortaba a cada palabra que escupía. Hubo un rato de silencio, hasta que Harry quitó sus manos de encima de mí y se levantó del sofá.
- ¡Cómo me dices eso! ¡¿Eh?!- me dijo gritando.- ¡Joder Lucía, creía que confiabas en mí!
- ¡Y lo hago!
- ¿Entonces? ¿Por qué crees que me voy a ir? Eso se llama desconfianza.
- Tú no lo entiendes…
- ¡¿Y tú que sabes?!- respiró hondo y volvió a hablar.- no sé lo que se siente, Lucía, al perder a las personas que más has apreciado en toda tu vida, pero me hago una idea. ¿Y sabes por qué?- negué con la cabeza.- Por que ahora mismo estoy sintiendo que te pierdo poco a poco.- sus manos se volvieron a juntar con las mías.- y tu eres una de las pocas personas a las que aprecio de verdad.- y soy tan tonta que no creo en él. En qué momento, Lucía…
- Lo siento… supongo que me he equivocado.
- No pasa nada Lucía. Pero no me vuelvas a decir eso, ¿vale?
- Vale Harry. Prometo que confiaré en ti y no te demostraré lo contrario como lo he hecho esta vez.
- No te preocupes, ¿vale?- me dio un beso en la mejilla. Podía notar su sonrisa pegada a mi cara.
- Vale.- sonreí como una niña a la que le dan una chocolatina a probar.
- Pongámonos en marcha- dijo Harry volviéndose a levantar del sofá. Des de luego, este chaval no para quieto…- Hoy, HOY- dijo remarcándolo.- Te quitan este bicho tan aparatoso al que llaman venda. Y hoy, HOY.- volvió a remarcarlo.- ¡me podrás ver! Sí, ¡me podrás ver! ¡Yuhu!
- Te comportas como un verdadero crio…- dije haciéndome la madura, cosa que no era lo mío.- ¡Pero me gusta!- dije saltando en el sofá. Era un poco inseguro, y el hecho de que no viese donde estaba saltando hizo que un pie sobresaliese del sofá, haciendo que me cayese, pero antes de eso, Harry posó sus manos en mis caderas, y me cogió antes de que mi cuerpo hubiese asimilado el golpe que le venía.