- Visítame, por favor.
- Claro que te visitaré,
lo sabes. Gracias por todos estos años junto a ti, Lucia, hasta pronto.- Abrió
la puerta y entro la nueva chica de compañía, por el tipo de ruido que hizo, le
dio un papel, supongo que una lista de instrucciones, y sin decirle nada, cerró
la puerta y me dejo allí, con una persona desconocida.
- Te echaré de menos…-
susurré. Mi boca temblaba, al igual que mis piernas. Fui tocando todo a mí
alrededor, y encontré una pared. Me giré, quedando mi espalda en la pared, me
fui escurriendo hasta que me puse a llorar descontroladamente por todo. Sabía
que lo iba a pasar mal entre pruebas y más pruebas. Alguien vino y me acarició
el pelo dulcemente. Absorbí el aire de ese apartamento y un olor un tanto varonil
llegó a mi olfato.
- Lucía, ahora estoy yo
aquí para ayudarte, no te preocupes por nada, estarás bien, te cuidaré bien.-
joder, encima hablaba en inglés.
- ¿Cómo te llamas?-
pregunté con curiosidad.
- Harry, y voy a estar
aquí contigo durante todo este tiempo.- bonito nombre.
- Oye Harry, ¿te puedo
tocar la cara?- silencio. Supongo que nadie le había dicho nunca esto.- solo
quiero hacerme una idea de cómo eres.
- Claro.- acto seguido de
decirme eso, noté el contacto cálido de sus manos encima de las mías, frías por
el contacto del agua de mis ojos. Me las cogió y las posó sobre su rostro. Le
palpe toda la cara, una nariz bastante bonita, y llegué a unos rizos
alborotados.
- Ya esta.- sonreí.-
pareces guapo.- se rio de mi comentario y añadió:
- Tú también lo eres, créeme.-
que chico más agradable. Creo que nos podemos llegar a hacer muy grandes
amigos, parece fiel. Me fui de allí tocando cada rincón, y a mitad de camino
unas manos se posaron en mis brazos y me condujeron hasta la puerta de mi
habitación.
Pasé el día encerrada en la habitación sin
ganas de nada, reflexionando, aunque pare cuando Harry me trajo la cena. Y es
que hoy, mi decimo octavo cumpleaños, debería ser uno de los días más felices
para mí. Pero es que hacía 17 años y 10 meses que mis padres me abandonaron. No
creo que sea justo que un bebe se crie en un centro de acogida. A todas las
personas que han contribuido en mi desenvolvimiento como mujer, les doy las
gracias, pero con una figura materna me hubiese sido mucho más fácil, y mucho
más cariñoso. Criarse con un tutor legal no es lo mismo que con unos padres.
- Eh, Lucía, ¿me dejas
pasar?
- Claro…- me sequé rápidamente
las lágrimas y giré bruscamente la cabeza de donde provenía esa voz. Se sentó
en la cama y me abrazó.
- No solucionas nada llorando,
¿vale?
- ¿Pero por qué me
abandonaron? No lo entiendo Harry, no tienen ese derecho, ellos decidieron
tenerme, no es justo que por que no pueda ver me abandonen, no.- me abrazó más
fuerte.
- Sabes, ser ciega no
significa que te desprecie la gente ni que no puedas hacer otras cosas, es más,
seguro que puedes hacer más cosas de las que yo hago, estoy seguro.
- Nadie me había dicho
nunca eso. Es más, creo que eres la única persona que lo cree. Creo que vas a
llegar a ser una persona muy importante en mi vida. Gracias por estos míseros
minutos en los que me has escuchado más que toda la gente que conozco. La gente
me evita el tema, pero yo también necesito hablar de ello, todos necesitamos
desahogarnos con algo, y el hecho de ser ciega no me lo quita.
- De nada, Lucía.- y me
besó dulcemente. Me puse el pijama con un poco de ayuda de él y me dijo que
estaría mañana a las 11. Cerró la puerta lentamente y me quedé dormida
pensando.

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