Guardé la preciada carta debajo de la litera. La única
llamada que me concedían cada día me la iban a dar justo ahora. No podía llamar
a Lucía. Con Lucía solo cartas. Solo cartas o ellos se darían cuenta de la
existencia de Lucia en mi vida. Llamé a mi madre, ella está muy preocupada por
mí, aunque ya sabe que me encuentro aquí.
- ¡Hola mamá!- dije sonriente, sin saber la razón,
mientras esperaba a que contestase.
- Dios, hijo mío, ¿como estas? ¿Te han hecho algo?
¿Estás bien? ¿Quieres algo? ¿Puedo ir a visitarte? Por dios, ¡Contesta!
- ¡Pero si no me das tiempo!- reí levemente.- estoy
perfectamente, nadie me ha hecho nada, puedes venir a visitarme los sábados,
solo los sábados, pero habrá algunos que vendrá otra persona… y si, por favor,
mañana, sábado, tráeme la caja que tengo de cuando era pequeño, donde dentro se
encuentra mis dos collares del avioncito de papel. ¿Recuerdas? Pero toda la
caja, por favor.
- Dicho y hecho, hijito mío. Espera que me lo apunto…-
el guardia me miro diciéndome que cortase ya la llamada.
- Mamá, tengo que colgar ya…- dije tristemente.- Oh,
también necesito 1000 libras, por favor. Te quiero. ¡Hasta mañana!- sonreí
mientras me quitaba el teléfono del oído.
- ¡¿1000 libras para qué?! ¡Burro! ¡No me cuelgues
eh!- escuché antes de cortar la llamada.
Volví a sonreír mientras me dirigía a mi celda. Me giré
recordando que aún no había respondido a Lucía a la carta.
- Perdona, ¿podría darme unas cuantas hojas más y un
bolígrafo, y me los quedo para no molestarle más?- dije mirándole fijamente.
- Claro, aunque me molestas igualmente. Voy a tenerle
que dar a su novia todas estas cartas…
- Es usted una muy buena persona, de verdad.- le dije
sonriente.- Oh, y no es mi novia…- sonreí mientras me ruboricé imaginándonos a
los dos de novios. Haríamos muy buena pareja. El guardia sonrió, dando por
mentira mis anteriores palabras, viendo mis mejillas ligeramente rojas.
- Claro, claro…- dijo sarcásticamente.- Es muy guapa
su novia, de verdad.
- ¡Gracias!- dije sonriente- ¡Espera, pero si no es mi
novia!- soltó una carcajada y me dio unas cuantas hojas de papel junto con un
bolígrafo de tinta negra.
- No se me está permitido proteger a los presos.- dijo
mirándome.- pero tú me caes bien. Y tu novia también. ¡Me invitó a un té cuando
le fui a dar la carta! Me fije en la dirección y vi que caía justamente al lado
de mi casa.- sonreí y cerro la celda detrás de mí.- es muy maja, tu novia.- y
se giró dándome la espalda, controlando a todo el que entraba o salía de
aquella habitación llena de testosterona revolucionada.
- Así que tu novia…- me dijo mi compañero.
- No es mi novia.- dije ya irritado. Irritado porque
quería que lo fuese pero me había dado cuenta muy tarde.
- Vale, vale, ricitos.- sonreí.
- Todavía no sé tu nombre.- dije mirándole.
- No me gusta mi nombre. Para ti soy compi.
- ¿Compi? Que cursi y ñoño.
- Como tú con tu supuesta novia. Por eso para ti soy
compi.
- Vale, compi.- soltó una carcajada y yo me reí
levemente.
- Harry, ¿verdad?
- Aja…- dije volviéndome a leer la carta.
- Escribe Harry, tu novia te necesita.
- A ello voy.- sonreí y cogí una hoja del montón de
papel que me había dado el guardia.
Quizás nuestra historia no fuese la mejor de todas.
Quizás no hemos estado predestinados para estar juntos. Quizás nosotros
estábamos destinados a estar separados, de la manera que fuese. Pero Lucia y yo
sabíamos que nos queríamos. ¿Qué más necesitamos? Nos tenemos el uno al otro,
en la distancia. ¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo es posible sentir a alguien que
esta tan lejos de ti, tan cerca? Con Lucia todo es diferente. Todo parece más
fácil, incluso lo difícil. Quizás hemos sido unos ilusos, unos inocentes e ignorantes
que pensábamos que siempre iba a ser toda la vida de color, toda la vida
juntos. Quizás en cuanto recibí ese mensaje solo pensé en Lucia. Yo solo quería
protegerla. Cuando ella se quedo dormida mientras jugaba tiernamente con su
cabello, perfectamente perfecto, como ella, recibí un mensaje. Era mi madre.
“Ven YA para casa. Te han encontrado, han dado
contigo. Están esperándote, y no te dejaran en paz si no vienes. Te quiero
mucho, mamá”
Después de leerlo, di un beso en la mejilla a Lucia y
me tumbé junto a ella, a su lado, abrazándola suavemente mientras me dormía. Yo
sabía que era la última vez que iba a estar con ella así, y lo intenté
aprovechar hasta que todo se jodió, hasta que le di un último adiós. Hasta que
le di ese beso de despedida.

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