Las cosas me iban bastante bien, de momento. Ya me
habían dado la razón de por qué estaba aquí, y era precisamente lo que suponía.
Esos cabrones…
Habían pasado unos cuantos días des de que le mandé la
carta a Lucía, y todavía esperaba su respuesta. Esperaba que esos cabrones no
la hubiesen interceptado a tiempo, esperaba que Lucía estuviese ya en España,
esperaba que Lucía estuviese a salvo. No quiero ponerla en peligro, y si ellos
se enteraban de que ella era tan importante para mí, si ellos supiesen lo que
la quería, ella estaría en peligro. Demasiado. Por mi culpa. Todo por mi puta
culpa. Me odio. Ahora mismo, me odio por hacerle esto a Lucia. Ella no tiene la
culpa de lo que ellos hicieron, de lo que yo hice por poner a salvo a Gemma, mi
hermana. Todo fue un error. Ellos no le iban a hacer nada a Gemma, lo sabía,
pero necesitaba verlo con mis propios ojos. Necesitaba estar seguro, lo
necesitaba…
- Tú, el de los rizos despeinados, acércate.- el
guardia me habló con seguridad transmitiéndome miedo. – me han dado esto para
ti. De nada.
- Dios, muchísimas gracias, enserio, de verdad,
muchísimas gracias.- sonreí ampliamente y cogí el sobrecito que tenia entre las
manos. Cuando lo tuve entre las mías, me giré, y lo abracé, sintiendo el olor
de Lucia, ese olor que me hacia enloquecer. Me lo acerqué a la nariz y esnife
su olor más de cerca. Como la echaba de menos…
- Va, ábrela, ñoñas.- me dijo mi compañero, aun sin
saber su verdadero nombre, riendo levemente. La abrí poco a poco y empecé a
leerla.
Sabes que siempre he ido a lo
tradicional, así que,
“Querido Harry”
Ahora mismo, en el hipotético caso de que hubiese aceptado tu
petición o, obligación, de irme a España, estaría montada en un avión,
observando todo lo que se queda atrás. Y ya sabrás lo que eso significa, ¿no?
Me quedo aquí. En Londres. En el único lugar donde he encontrado mi razón de
seguir viviendo, y donde la he perdido también.
Quiero decirte que se cuidarme sola, aunque no te lo creas. Quiero
decirte que no necesito a nadie, aunque te necesite a ti. Quiero decirte que
estaré bien, aunque “ellos” no me lo permitan. No te preocupes por mí. Sé egoísta
y preocúpate por ti, que creo que en estos momentos lo necesitas más que yo.
Ya sé dónde estás. No, ellos no han venido a decírmelo. Un señor
extraño y corpulento me lo ha dicho. Me ha dicho que estas en la cárcel. Que él
es tu guardia. Me ha dicho que, ya que él vive al lado de mi casa, me dará
todas tus cartas, y te dará todas las mías. Saldrás de ahí, te lo prometo. Te
haré salir de ahí. No sé lo que has hecho, no quiero saberlo, quiero que me lo
digas, quiero que me mires a los ojos y me digas que has hecho, o que no has
hecho. Porque te creo Harry. Sé que no eres capaz de matar a nadie. Sé que
darías la vida por las personas a las que más quieres. Lo sé. Y algo tuvo que
pasar para que te este
ocurriendo esto. Esta pesadilla para los dos. Porque para mí también es una
pesadilla.
Y no, no te conozco. Quizás estuviese equivocada pensando en
cuales eran tus debilidades y en tus miedos. Yo no sabía nada Harry. No sabía
que era yo. Ni si quiera sabia que me querías. He sido una ilusa, ¿verdad? Y
por esa razón hemos dejado pasar una oportunidad que quizás nunca vuelva a
llegar. Me has demostrado que me conoces, porque si, me estaba mordiendo las
uñas. Y sí, te estaba maldiciendo por no haberme dado más clases de lectura (y
de escribir, ya que lo estoy haciendo muy lentamente). Oh, y también estaba
llorando mientras sonreía -igual que cuando te vi por primera vez- mientras
leía un “Te quiero” tuyo. Y yo ahora no sé lo que estarás haciendo. No sé si
estarás sonriendo mientras tus hoyuelos se marcan a los dos lados de tu boca.
No sé si te estarás mordiendo el labio de nerviosismo o si estarás temblando
como yo lo hice cuando leía tu carta. No lo sé Harry. Pero quiero saberlo.
Por dios Harry, necesito saber que estas bien. Necesito verte.
Déjame ir a verte por favor. Necesito
ver esos ojos color verde más que azul. Porque sé lo que es verde (he mirado en
internet, no creas que soy un genio).
Por cierto, espero que no te enfades conmigo por no irme a
España. Confía en mí. Te prometí que estaría bien. Créeme que lo estaré.
Yo sí que voy a acabar la carta con un “Te quiere, tu Lucia”
Porque siempre seré tuya Harry, aunque tú nunca vayas a ser mío.
Me volví a aguantar las lágrimas. Estaba seguro de que
se había tirado horas para escribir eso. Sonreí, mirando su caligrafía y su
gigante letra.
- Eh tu, ricitos.- me llamó mi compañero.- llora todo lo
que quieras, nadie te hará nada. Sé que necesitas llorar. Todos lo hemos hecho
alguna vez aquí.- sonreí mientras dejaba caer la carta de mis manos,
llevándomelas ahora a mis ojos, sollozando silenciosamente. Esto sería muy, muy
duro.

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